Esta crónica personal comienza en realidad en la edición de 2025 del festival Luna de Cortos que se celebra en Riego de la Vega (León). Su director, Balbino Ferrero, me había invitado a participar como miembro del Jurado. En la gala de entrega de premios me pidió que entregara el premio honorifico por toda su carrera a Luis Fernández de Eribe, un actor que tiene, entre muchos de sus méritos, que la primera película en la que participó fuera precisamente El bueno el feo y el malo. Cuando me lo pidió Balbino me pareció muy emocionante. Esa película mítica forma parte de mi vida desde los tiempos en que mi padre me llevó a verla algún domingo por la tarde de aquellos años 70 en el Gran Cine Imperial de Benavides de Órbigo. Seguramente, el proyectista de aquella ocasión pudo haber sido Trebolín, uno de los personajes extraordinarios que han ido adquiriendo justa notoriedad en el contexto de este Festival de Luna de Cortos, porque gracias a él se ha dado a conocer la extraordinaria labor que Trebolín ha ido haciendo a lo largo de las últimas décadas, recogiendo y restaurando cientos de máquinas de proyección cinematográfica, muestra de una pasión de película por el cine. Pero de ellos hablaremos en detalle en otro artículo también para XLI.


































