El arte teatral existe desde que apareció el ser humano, o eso me imagino. En las cuevas prehistóricas, algunos se revestirían con pieles y contarían historias de cacerías alrededor de las hogueras para divertir a sus congéneres durante las largas veladas del invierno paleolítico. Cuando llegó el sedentarismo y durante algunos miles de años, los buhoneros iban por los mercados contando historias que reunían que a su alrededor a los habitantes de aquellos poblados. Los griegos llevaron a su cúspide el arte teatral. Construyeron edificios majestuosos donde exhibían su talento. Desde las tragedias en que sus dioses aparecían como personajes principales hasta las comedias satíricas que alegraban a los espectadores. De hecho, muchas de estas obras han llegado hasta la actualidad porque hablan de amores, venganzas, traiciones y sentimientos que son de siempre y donde los espectadores se ven reconocidos. Los romanos continuaron su estela. Recomiendo a los que tengáis la ocasión visitar el teatro romano de Merida, donde se representan estas obras clásicas en un entorno maravilloso y donde te sientes transportado muchos siglos atrás.


































