En 1970 apareció en las páginas de las revistas de Bruguera una nueva serie con guion de Víctor Mora. Se unía a la muy exitosa que había creado en los cincuenta, El Capitán Trueno, y a la que había gestado en los sesenta, El Jabato, que seguían publicándose o reeditándose en esos años. Si en la primera las aventuras pivotaban en torno a un caballero medieval (español, por supuesto) y en la segunda viraban más al péplum centrándose en las andanzas de un guerrero hispano, en este caso era el género de piratas el que ocupaba el centro de la función. Si bien este género cinematográfico había dejado atrás sus tiempos más gloriosos en los años cuarenta y cincuenta, las viejas películas, como El capitán Blood (Michael Curtiz, 1935), aún se programaban en televisión (y lo seguirían haciendo recurrentemente el resto de la década y también de la siguiente) y no hay que olvidar que los muñecos de acción de moda en la época, los Madelman (sin eclipsar del todo a los Geyperman), tenían también su propia figura de pirata.


































