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Filosofía

La importancia del aburrimiento

Cuando era pequeño, mi padre siempre me decía que tenía que aprender a aburrirme. Hoy, después de muchos años, veo que esa especie de mantra que me repetía asiduamente ante mis quejas de niño ''aburrido'' en un mundo a punto de digitalizarse por completo y para siempre, es más necesario que nunca. Hay que aprender a aburrirse y hay que hacerlo cuanto antes. Normalmente asociamos el aburrimiento a algo odioso que hay que evitar a toda costa, pero su ausencia es sinónimo de falta de paciencia y, como pretendo intentar explicar brevemente, al no disfrute. 

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Con faldas y a lo loco

A finales de los años 90 del siglo pasado, apareció un dúo de cantantes españoles que saltó a la fama con una canción, de aquella, rompedora “Por la raja de tu falda”. Pues bien, como dice su estribillo: “Por la raja de tu falda yo me pegué un piñazo con un Seat Panda”. En eso estamos, vamos a ello. La pretensión oculta de este artículo es cómo combinar ese estribillo con el título en español de la película de Billy Wilder Con faldas y a lo loco (Some Like it Hot, 1959). No hace muchos años, preparando material educativo sobre cine...

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Un museo de filosofía, filosofía para un museo

Ciertamente, diseñar un museo no ha de ser tarea fácil, desde luego, pues hay que saber articular de forma inteligente arte, simbolismo, representatividad, ideas… y en este, si pretende ser de filosofía, sobre todo ideas. Y todo ello aun a sabiendas de que tales cosas no son algo exclusivo de los museos de filosofía. En cualquier caso, es evidente que ni el arte ni mucho menos la filosofía se pueden “encerrar” en ningún museo. No, la filosofía es una actividad que ha de ejercitarse en la enseñanza, en la política, en las ciencias, en las técnicas o incluso en las actividades cotidianas de la vida, por ejemplo, en el saber comer, ¿por qué no? ¿Pero cómo hacerla, ponerla y exponerla en un museo? Ese museo, en el mejor de los casos, dirán algunos, solo podrá ser un reflejo sustancializado o hipostasiado del propio saber filosófico, es decir, en el mejor de los casos se trataría de una filosofía muerta. Es posible, no lo vamos a discutir, pero quizá no tanto si se sabe hacer bien. Precisamente por eso, su tarea no será fácil. Si el propósito es hacer salir de la caverna al visitante, pues esa es la tarea de toda filosofía, entonces nunca es fácil, sobre todo si quien tiene que salir no sabe ni siquiera que está en una caverna. 

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Temor y temblor en el capitel del sacrificio de Isaac de la iglesia de San Pedro de la Nave (El Campillo, Zamora)

Para dar con la iglesia de San Pedro de la Nave hay que querer encontrarla, y eso es una mala señal pero también una buena señal que agradará al que le gusta buscar. No hablamos de religión (o no solo de religión), porque hasta para un místico ateo, un católico ateo o un ateo a secas toparse con la iglesia del desaparecido monasterio visigodo de San Pedro de la Nave es cuestión de física y, sobre todo, de química. Hablemos primero un poco de física…

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El vacío de «Las meninas»

La clase de Estética era a primera hora de la mañana. Los días anteriores habíamos estado comentando el cuadro Las meninas, de Velázquez. El interés filosófico de este cuadro llevó, por ejemplo, a Michel Foucault a dedicarle precisamente el primer capítulo de su libro más emblemático, Las palabras y las cosas, de 1966. Foucault ofrece una interpretación de la obra en términos que podrían ser congruentes con una interpretación materialista, al señalar que Las meninas consigue un cierre (él no lo llama categorial, pero cabría hacerlo), al introducir dentro de la representación de la obra a los propios espectadores, en el reflejo que de los reyes se ofrece al fondo de la estancia simulada en el cuadro. Es interesante, porque entiende esta obra de Velázquez como una teoría acerca del sentido de la pintura y de la representación. Ya no se pinta para que sea expuesto y visto el cuadro, sino que se pinta con los propios espectadores dentro. Una alumna comentó que en el cuadro se produce algo parecido a cuando se rompe la cuarta pared en el teatro.

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Tres ensayos mínimos y tres variaciones sobre Apocalypse Now

Peter von Bagh, en Some Minor Keys to Orson Welles (en Stefan Drössler (Ed.), The unknown Orson Welles, München, belleville Verlag Michael Farin, 2004: 6.) al referirse a los antecedentes de Citizen Kane, sostiene que "el muy radiofónico guion de Heart of Darkness proporcionó otro esbozo para los temas de Kane, siendo virtualmente la misma película, pero construida con materiales diferentes". Santos Zunzunegui, en El Origen del Mundo (Caimán Cuadernos de Cine, nº 38, mayo de 2015: 24), rastrea y pone de manifiesto la faceta de Welles como "canibalizador" de hallazgos ajenos, sin la cual poco se entendería de su poderoso arte. Y entre las películas que Orson Welles "canibaliza" en opinión de Zunzunegui se cuenta Rebecca (1940), de Alfred Hitchocock: "¿Es disparatado considerar la influencia del célebre arranque de Rebeca en similar momento de Ciudadano Kane? Más allá de las diferencias (...) encontramos el mismo gesto de acercamiento a una mansión en la que se incuba un misterio".

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El (pequeño) gran Dictador

–Ya está bien de cuentos, dijo el Dictador. A partir de ahora se hará lo que yo diga. 

Llevamos muchos años así, comentó en voz baja el cronista oficial del estado.

–Ahora voy a ser el mayor Déspota de todos los tiempos; todos los faraones, emperadores, dictadores, césares del pasado van a parecer miniaturas comparados conmigo.

En eso llevamos tiempo y tiempo, pensó el ministro de historia.

–Y así será durante toda mi Eternidad ya que no pienso dejar mi cargo por nada del mundo.

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Hablemos de cosas inútiles

Hoy en día vivimos demasiado rápido, hemos perdido por completo la paciencia y me atrevería a decir que también el control de nuestro tiempo, necesitamos que las cosas sean prácticas y útiles, de lo contrario no nos sirven. Y en este frenético ritmo de vida hemos abandonado la costumbre de pensar, pero no me refiero a cosas banales como dónde ir de vacaciones o hacerse una opinión sobre ese compañero nuevo de trabajo, no, me refiero a pensar “de verdad”, a examinar algo con atención, una idea, algo después de lo cual no obtengamos un beneficio más allá de nosotros mismos.

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Kaspar Hauser: el enigma

¡Duque…!  Kaspar Hauser oyó un día en sueños esta palabra desconocida, una llamada. Y, sin saber por qué, le pareció una palabra cálida y amable. 

Esta palabra resonó en sus oídos en una de esas noches en que se encontraba en medio de un sueño repetitivo, a ratos plácido a ratos desasosegante: una mujer le viste en una casa llena de espejos y luces, bandejas de plata y tacitas de porcelana. Una sala con muchos libros, arañas de cristal en los techos, cuadros que representan hombres con armadura y mujeres con alhajas. Un patio con surtidor…

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De la salud amenazada y sus representaciones, o para una ética narrativa de la atención sanitaria 

Según la definición que la Organización Mundial de la Salud asentó en su propia constitución en Génova (1946), debemos entender la Salud como “el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de infecciones o enfermedades”… Más tarde, en 2007, matizaría sistémicamente el concepto como “el estado de adaptación de un individuo al medio en donde se encuentra”. ¿Es posible la realización de cualquiera de las dos acepciones en este tiempo mediático y simbólico de un mundo donde lo aparente oculta y silencia lo esencial? El elevado tono de malestar ciudadano, la desigualdad insoportable (esas llamadas causas de las causas que podría querer recoger –y hasta combatir- la segunda acepción), o la creciente vinculación de los sistemas sanitarios a los mercados (aplicando progresivamente un principio que podríamos sintetizar como privatización de la salud y socialización del dolor) parecen indicar que no.

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Filosofía

La importancia del aburrimiento

Cuando era pequeño, mi padre siempre me decía que tenía que aprender a aburrirme. Hoy, después de muchos años, veo que esa especie de mantra que me repetía asiduamente ante mis quejas de niño ''aburrido'' en un mundo a punto de digitalizarse por completo y para siempre, es más necesario que nunca. Hay que aprender a aburrirse y hay que hacerlo cuanto antes. Normalmente asociamos el aburrimiento a algo odioso que hay que evitar a toda costa, pero su ausencia es sinónimo de falta de paciencia y, como pretendo intentar explicar brevemente, al no disfrute. 

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Con faldas y a lo loco

A finales de los años 90 del siglo pasado, apareció un dúo de cantantes españoles que saltó a la fama con una canción, de aquella, rompedora “Por la raja de tu falda”. Pues bien, como dice su estribillo: “Por la raja de tu falda yo me pegué un piñazo con un Seat Panda”. En eso estamos, vamos a ello. La pretensión oculta de este artículo es cómo combinar ese estribillo con el título en español de la película de Billy Wilder Con faldas y a lo loco (Some Like it Hot, 1959). No hace muchos años, preparando material educativo sobre cine...

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Un museo de filosofía, filosofía para un museo

Ciertamente, diseñar un museo no ha de ser tarea fácil, desde luego, pues hay que saber articular de forma inteligente arte, simbolismo, representatividad, ideas… y en este, si pretende ser de filosofía, sobre todo ideas. Y todo ello aun a sabiendas de que tales cosas no son algo exclusivo de los museos de filosofía. En cualquier caso, es evidente que ni el arte ni mucho menos la filosofía se pueden “encerrar” en ningún museo. No, la filosofía es una actividad que ha de ejercitarse en la enseñanza, en la política, en las ciencias, en las técnicas o incluso en las actividades cotidianas de la vida, por ejemplo, en el saber comer, ¿por qué no? ¿Pero cómo hacerla, ponerla y exponerla en un museo? Ese museo, en el mejor de los casos, dirán algunos, solo podrá ser un reflejo sustancializado o hipostasiado del propio saber filosófico, es decir, en el mejor de los casos se trataría de una filosofía muerta. Es posible, no lo vamos a discutir, pero quizá no tanto si se sabe hacer bien. Precisamente por eso, su tarea no será fácil. Si el propósito es hacer salir de la caverna al visitante, pues esa es la tarea de toda filosofía, entonces nunca es fácil, sobre todo si quien tiene que salir no sabe ni siquiera que está en una caverna. 

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Temor y temblor en el capitel del sacrificio de Isaac de la iglesia de San Pedro de la Nave (El Campillo, Zamora)

Para dar con la iglesia de San Pedro de la Nave hay que querer encontrarla, y eso es una mala señal pero también una buena señal que agradará al que le gusta buscar. No hablamos de religión (o no solo de religión), porque hasta para un místico ateo, un católico ateo o un ateo a secas toparse con la iglesia del desaparecido monasterio visigodo de San Pedro de la Nave es cuestión de física y, sobre todo, de química. Hablemos primero un poco de física…

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El vacío de «Las meninas»

La clase de Estética era a primera hora de la mañana. Los días anteriores habíamos estado comentando el cuadro Las meninas, de Velázquez. El interés filosófico de este cuadro llevó, por ejemplo, a Michel Foucault a dedicarle precisamente el primer capítulo de su libro más emblemático, Las palabras y las cosas, de 1966. Foucault ofrece una interpretación de la obra en términos que podrían ser congruentes con una interpretación materialista, al señalar que Las meninas consigue un cierre (él no lo llama categorial, pero cabría hacerlo), al introducir dentro de la representación de la obra a los propios espectadores, en el reflejo que de los reyes se ofrece al fondo de la estancia simulada en el cuadro. Es interesante, porque entiende esta obra de Velázquez como una teoría acerca del sentido de la pintura y de la representación. Ya no se pinta para que sea expuesto y visto el cuadro, sino que se pinta con los propios espectadores dentro. Una alumna comentó que en el cuadro se produce algo parecido a cuando se rompe la cuarta pared en el teatro.

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Peter von Bagh, en Some Minor Keys to Orson Welles (en Stefan Drössler (Ed.), The unknown Orson Welles, München, belleville Verlag Michael Farin, 2004: 6.) al referirse a los antecedentes de Citizen Kane, sostiene que "el muy radiofónico guion de Heart of Darkness proporcionó otro esbozo para los temas de Kane, siendo virtualmente la misma película, pero construida con materiales diferentes". Santos Zunzunegui, en El Origen del Mundo (Caimán Cuadernos de Cine, nº 38, mayo de 2015: 24), rastrea y pone de manifiesto la faceta de Welles como "canibalizador" de hallazgos ajenos, sin la cual poco se entendería de su poderoso arte. Y entre las películas que Orson Welles "canibaliza" en opinión de Zunzunegui se cuenta Rebecca (1940), de Alfred Hitchocock: "¿Es disparatado considerar la influencia del célebre arranque de Rebeca en similar momento de Ciudadano Kane? Más allá de las diferencias (...) encontramos el mismo gesto de acercamiento a una mansión en la que se incuba un misterio".

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–Ya está bien de cuentos, dijo el Dictador. A partir de ahora se hará lo que yo diga. 

Llevamos muchos años así, comentó en voz baja el cronista oficial del estado.

–Ahora voy a ser el mayor Déspota de todos los tiempos; todos los faraones, emperadores, dictadores, césares del pasado van a parecer miniaturas comparados conmigo.

En eso llevamos tiempo y tiempo, pensó el ministro de historia.

–Y así será durante toda mi Eternidad ya que no pienso dejar mi cargo por nada del mundo.

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Hoy en día vivimos demasiado rápido, hemos perdido por completo la paciencia y me atrevería a decir que también el control de nuestro tiempo, necesitamos que las cosas sean prácticas y útiles, de lo contrario no nos sirven. Y en este frenético ritmo de vida hemos abandonado la costumbre de pensar, pero no me refiero a cosas banales como dónde ir de vacaciones o hacerse una opinión sobre ese compañero nuevo de trabajo, no, me refiero a pensar “de verdad”, a examinar algo con atención, una idea, algo después de lo cual no obtengamos un beneficio más allá de nosotros mismos.

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¡Duque…!  Kaspar Hauser oyó un día en sueños esta palabra desconocida, una llamada. Y, sin saber por qué, le pareció una palabra cálida y amable. 

Esta palabra resonó en sus oídos en una de esas noches en que se encontraba en medio de un sueño repetitivo, a ratos plácido a ratos desasosegante: una mujer le viste en una casa llena de espejos y luces, bandejas de plata y tacitas de porcelana. Una sala con muchos libros, arañas de cristal en los techos, cuadros que representan hombres con armadura y mujeres con alhajas. Un patio con surtidor…

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De la salud amenazada y sus representaciones, o para una ética narrativa de la atención sanitaria 

Según la definición que la Organización Mundial de la Salud asentó en su propia constitución en Génova (1946), debemos entender la Salud como “el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de infecciones o enfermedades”… Más tarde, en 2007, matizaría sistémicamente el concepto como “el estado de adaptación de un individuo al medio en donde se encuentra”. ¿Es posible la realización de cualquiera de las dos acepciones en este tiempo mediático y simbólico de un mundo donde lo aparente oculta y silencia lo esencial? El elevado tono de malestar ciudadano, la desigualdad insoportable (esas llamadas causas de las causas que podría querer recoger –y hasta combatir- la segunda acepción), o la creciente vinculación de los sistemas sanitarios a los mercados (aplicando progresivamente un principio que podríamos sintetizar como privatización de la salud y socialización del dolor) parecen indicar que no.

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