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Arte

Las chicas son guerreras. Modelos femeninos, transgresión y heroísmo en El Corsario de Hierro durante el tardofranquismo

En 1970 apareció en las páginas de las revistas de Bruguera una nueva serie con guion de Víctor Mora. Se unía a la muy exitosa que había creado en los cincuenta, El Capitán Trueno, y a la que había gestado en los sesenta, El Jabato, que seguían publicándose o reeditándose en esos años. Si en la primera las aventuras pivotaban en torno a un caballero medieval (español, por supuesto) y en la segunda viraban más al péplum centrándose en las andanzas de un guerrero hispano, en este caso era el género de piratas el que ocupaba el centro de la función. Si bien este género cinematográfico había dejado atrás sus tiempos más gloriosos en los años cuarenta y cincuenta, las viejas películas, como El capitán Blood (Michael Curtiz, 1935), aún se programaban en televisión (y lo seguirían haciendo recurrentemente el resto de la década y también de la siguiente) y no hay que olvidar que los muñecos de acción de moda en la época, los Madelman (sin eclipsar del todo a los Geyperman), tenían también su propia figura de pirata.

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Jaime Brihuega, comisario de la exposición “El universo freudiano de Dalí” en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid

La relación Dalí-Freud es algo más que un mundo, así que está bien que la exposición en el Museo Thyssen-Bornemisza se proponga explorar el universo que hay detrás (o delante, o al lado) del Luis XIV del Surrealismo (“¡el Surrealismo soy yo!”, sentenció Dalí) y el padre del psicoanálisis y autor de algunos de los libros más influyentes del siglo XX. Del 20 de octubre de 2026 al 24 de enero de 2027 tenemos una cita en el Museo Thyssen-Bornemisza, pero antes nos atiende Jaime Brihuega, comisario de la exposición, que será nuestro guía por el universo freudiano de Dalí.

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¿Por qué hay nada en lugar de algo? Viajes a la nada histórica, artística y arqueológica (II)

Cuando el compositor y filósofo estadounidense John Cage entró en la cámara anecoica de la Universidad de Harvard, una sala capaz de absorber el 99% de las ondas sonoras que creaba un vacío acústico casi perfecto, no se encontró con el silencio absoluto porque se lo impidieron los latidos de su corazón y el sonido de la sangre circulando por su cabeza. Cage entendió que el silencio es lo que permite escuchar eso que está oculto detrás de los sonidos cotidianos. El sonido del silencio, precisamente...

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¿Por qué hay algo en lugar de nada? Viajes al algo histórico, artístico y arqueológico (I)

Mary Beard dice en Clásicos sin filtros que, aunque se ha perdido gran parte de la literatura clásica, lo que resulta sorprendente no es lo mucho que se ha perdido, sino que se haya preservado tanto gracias a los esfuerzos de los arqueólogos, de generaciones de copistas esclavos, de monjes cristianos que continuaron la tarea de traductores árabes, de eruditos del Renacimiento… Parafraseando a Rabindranath Tagore, si lloramos por todo lo que se ha perdido, las lágrimas no nos dejarán ver lo que se ha conservado. “¿Por qué hay algo en lugar de nada?”, la serie de artículos que iniciamos en el número IV de XLI, va en esa línea, complementaria de la que seguimos en la serie “¿Por qué hay nada en lugar de algo?”. Seamos optimistas. Maravillas como el templo de Zeus en Atenas, el monasterio de Santa María de Rioseco en Burgos, el templo de Artemisa en Éfeso o el templo de Segesta en Sicilia no han llegado intactas a nuestros días, es cierto, pero hay algo en lugar de nada. A veces, hay mucho. Otras veces, muy poco, como en el caso del templo de Artemisa y su única columna en pie. Conteste a esta pregunta: ¿qué prefiere, que hablemos de una obra de arte en esta sección porque todavía hay algo en lugar de nada, o que nos ocupemos de ella en la otra sección porque hay nada en lugar de algo?

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Venecia, la ciudad sostenida por mil gracias

Cuando vueles hacia Venecia desde Asturias verás sucesos extraordinarios, intenta no desmayarte porque pasarás por encima de los Picos de Europa, después sobrevolarás los Pirineos y los Alpes. Eso parece una contradicción, las montañas más elevadas de Europa y la ciudad que se hunde lentamente en su laguna de ensueños. Pero no es más que el principio. Más tarde varios aviones se cruzarán contigo en el aire para mostrarte que también otros saben sobrevolar el mundo y sus dificultades, que hay otras direcciones, otros sentidos y otros puntos cardinales; algunos incluso mostrarán en colores sus chorros de gases aerodinámicos. Vas a Venecia y vas volando, eso es lo importante.

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Entrevista a Maixaixa Taulé i Delor, directora del Museu Egipci de Barcelona

El despacho de Maixaixa Taulé no parece la NASA, así que no hay un apabullante despliegue de ordenadores ni da la impresión de que entramos en la nave Discovery 1 de 2001: una Odisea del espacio. La verdad es que el despacho de la directora del Museu Egipci de Barcelona se parece más al espacio de reuniones de la nave Nostromo en Alien, pero sin octavos pasajeros. Maixaixa Taulé y Arnau Mas, jefe de prensa del Museu, nos reciben en un delicioso y pequeñito despacho lleno de libros, fotografías, muchos papeles, informes… y todo el tiempo que queramos para hablar de Egipto y del Museu Egipci de Barcelona, gestionado por la Fundació Arqueològica Clos, la entidad privada sin ánimo de lucro creada en 1992 por Jordi Clos Llombart con el objetivo de contribuir al estudio y la difusión del conocimiento de las culturas de la Antigüedad, especialmente del antiguo Egipto. El Museu Egipci de Barcelona, inaugurado en 1994 y formado actualmente por una colección de más de 1.300 piezas de la cultura faraónica, es una de las colecciones privadas de arte faraónico más importantes de Europa. La entrevista a Maixaixa Taulé se complementa, en este número III de XLI, con un reportaje sobre la visita al Museu… y alguna cosa más.

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El Arte y las cuatro pasiones

El arte, y su manifestación más material, es decir, la obra de arte, siempre ha estado ligado a lo largo de los tiempos al principio de expresión. A la expresión de mensajes, muchos de ellos de corte racional, pero igualmente a la comunicación de las pasiones, las sensaciones y las emociones que son tan inherentes al propio ser humano también desde el comienzo de los tiempos. En este sentido, la representación de las pasiones y sobre todo la expresión de esos extremos emocionales en los que la capacidad de reflexionar, de hecho, puede llegar a perderse, han alumbrado algunas de las mejores creaciones de la historia del arte, al tiempo que han sido objeto de estudio por parte de algunos de los más destacados historiadores. Por acercarnos a nuestro presente, entre las primeras destaca el extraordinario ciclo dedicado por el videoartista Bill Viola a partir del año 2000, y bajo el título precisamente de The Passions, a este asunto. Entre los segundos, cabe señalar las reflexiones sobre este tema realizadas por parte de pensadores como Salvatore Settis, Michael Roth y Hans Belting, entre otros.   

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¿Por qué hay nada en lugar de algo?

El filósofo alemán Gottfried Leibniz se preguntó en el siglo XVII por qué hay algo en lugar de nada. ¿Por qué existe la revista XLI, el lector de XLI y, para abreviar, el universo? ¿No es más sencilla la nada que el ser? La nada no tiene que ser explicada, pero el ser da para muchos libros e incluso para alguna que otra tertulia televisiva. Ya no es cuestión de si vivimos o no en el mejor de los mundos posibles, sino por qué hay algo en lugar de nada. Ludwig Wittgenstein dice en su Tractatus Logico-Philosophicus que lo místico no es cómo es el mundo, sino que el mundo sea, aunque esta cuestión no es más que un pseudoproblema: hablar de por qué hay algo en lugar de nada no tiene sentido porque excede los límites del lenguaje.

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Un día y tres estaciones en el Museu Egipci de Barcelona (y alrededores)

¿Conocen la “prueba de la puerta” que propone Sonny a Calogero en la película Una historia del Bronx (Robert De Niro, 1993) para saber si la chica con la que va a tener una cita puede ser su primer amor? Consiste en que el hombre para el coche delante de la chica, el seguro de su puerta tiene que estar cerrado; el chico sale, cierra la puerta con llave y se acerca a la chica, la conduce hasta el coche, saca la llave y deja que suba. Cuando la chica esté dentro, el chico vuelve a cerrar la puerta; luego va por detrás y mira por la ventanilla trasera, si la chica no se mueve para levantar el seguro de la puerta del chico para que entre, hay que olvidar a esa chica porque significa que solo piensa en ella. Una versión de la “prueba de la puerta” de Sonny podría servir para medir el cariño y respeto con los que un museo recibe a sus visitantes. ¿Levantan los seguros simbólicos de las puertas para que el público entre y disfrute? ¿Se preocupan por los visitantes más que por sí mismos? La chica de Calogero pasó la “prueba de la puerta”. El Museu Egipci de Barcelona, también.

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Temor y temblor en el capitel del sacrificio de Isaac de la iglesia de San Pedro de la Nave (El Campillo, Zamora)

Para dar con la iglesia de San Pedro de la Nave hay que querer encontrarla, y eso es una mala señal pero también una buena señal que agradará al que le gusta buscar. No hablamos de religión (o no solo de religión), porque hasta para un místico ateo, un católico ateo o un ateo a secas toparse con la iglesia del desaparecido monasterio visigodo de San Pedro de la Nave es cuestión de física y, sobre todo, de química. Hablemos primero un poco de física…

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Arte

Las chicas son guerreras. Modelos femeninos, transgresión y heroísmo en El Corsario de Hierro durante el tardofranquismo

En 1970 apareció en las páginas de las revistas de Bruguera una nueva serie con guion de Víctor Mora. Se unía a la muy exitosa que había creado en los cincuenta, El Capitán Trueno, y a la que había gestado en los sesenta, El Jabato, que seguían publicándose o reeditándose en esos años. Si en la primera las aventuras pivotaban en torno a un caballero medieval (español, por supuesto) y en la segunda viraban más al péplum centrándose en las andanzas de un guerrero hispano, en este caso era el género de piratas el que ocupaba el centro de la función. Si bien este género cinematográfico había dejado atrás sus tiempos más gloriosos en los años cuarenta y cincuenta, las viejas películas, como El capitán Blood (Michael Curtiz, 1935), aún se programaban en televisión (y lo seguirían haciendo recurrentemente el resto de la década y también de la siguiente) y no hay que olvidar que los muñecos de acción de moda en la época, los Madelman (sin eclipsar del todo a los Geyperman), tenían también su propia figura de pirata.

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Jaime Brihuega, comisario de la exposición “El universo freudiano de Dalí” en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid

La relación Dalí-Freud es algo más que un mundo, así que está bien que la exposición en el Museo Thyssen-Bornemisza se proponga explorar el universo que hay detrás (o delante, o al lado) del Luis XIV del Surrealismo (“¡el Surrealismo soy yo!”, sentenció Dalí) y el padre del psicoanálisis y autor de algunos de los libros más influyentes del siglo XX. Del 20 de octubre de 2026 al 24 de enero de 2027 tenemos una cita en el Museo Thyssen-Bornemisza, pero antes nos atiende Jaime Brihuega, comisario de la exposición, que será nuestro guía por el universo freudiano de Dalí.

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¿Por qué hay nada en lugar de algo? Viajes a la nada histórica, artística y arqueológica (II)

Cuando el compositor y filósofo estadounidense John Cage entró en la cámara anecoica de la Universidad de Harvard, una sala capaz de absorber el 99% de las ondas sonoras que creaba un vacío acústico casi perfecto, no se encontró con el silencio absoluto porque se lo impidieron los latidos de su corazón y el sonido de la sangre circulando por su cabeza. Cage entendió que el silencio es lo que permite escuchar eso que está oculto detrás de los sonidos cotidianos. El sonido del silencio, precisamente...

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Mary Beard dice en Clásicos sin filtros que, aunque se ha perdido gran parte de la literatura clásica, lo que resulta sorprendente no es lo mucho que se ha perdido, sino que se haya preservado tanto gracias a los esfuerzos de los arqueólogos, de generaciones de copistas esclavos, de monjes cristianos que continuaron la tarea de traductores árabes, de eruditos del Renacimiento… Parafraseando a Rabindranath Tagore, si lloramos por todo lo que se ha perdido, las lágrimas no nos dejarán ver lo que se ha conservado. “¿Por qué hay algo en lugar de nada?”, la serie de artículos que iniciamos en el número IV de XLI, va en esa línea, complementaria de la que seguimos en la serie “¿Por qué hay nada en lugar de algo?”. Seamos optimistas. Maravillas como el templo de Zeus en Atenas, el monasterio de Santa María de Rioseco en Burgos, el templo de Artemisa en Éfeso o el templo de Segesta en Sicilia no han llegado intactas a nuestros días, es cierto, pero hay algo en lugar de nada. A veces, hay mucho. Otras veces, muy poco, como en el caso del templo de Artemisa y su única columna en pie. Conteste a esta pregunta: ¿qué prefiere, que hablemos de una obra de arte en esta sección porque todavía hay algo en lugar de nada, o que nos ocupemos de ella en la otra sección porque hay nada en lugar de algo?

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Cuando vueles hacia Venecia desde Asturias verás sucesos extraordinarios, intenta no desmayarte porque pasarás por encima de los Picos de Europa, después sobrevolarás los Pirineos y los Alpes. Eso parece una contradicción, las montañas más elevadas de Europa y la ciudad que se hunde lentamente en su laguna de ensueños. Pero no es más que el principio. Más tarde varios aviones se cruzarán contigo en el aire para mostrarte que también otros saben sobrevolar el mundo y sus dificultades, que hay otras direcciones, otros sentidos y otros puntos cardinales; algunos incluso mostrarán en colores sus chorros de gases aerodinámicos. Vas a Venecia y vas volando, eso es lo importante.

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El despacho de Maixaixa Taulé no parece la NASA, así que no hay un apabullante despliegue de ordenadores ni da la impresión de que entramos en la nave Discovery 1 de 2001: una Odisea del espacio. La verdad es que el despacho de la directora del Museu Egipci de Barcelona se parece más al espacio de reuniones de la nave Nostromo en Alien, pero sin octavos pasajeros. Maixaixa Taulé y Arnau Mas, jefe de prensa del Museu, nos reciben en un delicioso y pequeñito despacho lleno de libros, fotografías, muchos papeles, informes… y todo el tiempo que queramos para hablar de Egipto y del Museu Egipci de Barcelona, gestionado por la Fundació Arqueològica Clos, la entidad privada sin ánimo de lucro creada en 1992 por Jordi Clos Llombart con el objetivo de contribuir al estudio y la difusión del conocimiento de las culturas de la Antigüedad, especialmente del antiguo Egipto. El Museu Egipci de Barcelona, inaugurado en 1994 y formado actualmente por una colección de más de 1.300 piezas de la cultura faraónica, es una de las colecciones privadas de arte faraónico más importantes de Europa. La entrevista a Maixaixa Taulé se complementa, en este número III de XLI, con un reportaje sobre la visita al Museu… y alguna cosa más.

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El Arte y las cuatro pasiones

El arte, y su manifestación más material, es decir, la obra de arte, siempre ha estado ligado a lo largo de los tiempos al principio de expresión. A la expresión de mensajes, muchos de ellos de corte racional, pero igualmente a la comunicación de las pasiones, las sensaciones y las emociones que son tan inherentes al propio ser humano también desde el comienzo de los tiempos. En este sentido, la representación de las pasiones y sobre todo la expresión de esos extremos emocionales en los que la capacidad de reflexionar, de hecho, puede llegar a perderse, han alumbrado algunas de las mejores creaciones de la historia del arte, al tiempo que han sido objeto de estudio por parte de algunos de los más destacados historiadores. Por acercarnos a nuestro presente, entre las primeras destaca el extraordinario ciclo dedicado por el videoartista Bill Viola a partir del año 2000, y bajo el título precisamente de The Passions, a este asunto. Entre los segundos, cabe señalar las reflexiones sobre este tema realizadas por parte de pensadores como Salvatore Settis, Michael Roth y Hans Belting, entre otros.   

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El filósofo alemán Gottfried Leibniz se preguntó en el siglo XVII por qué hay algo en lugar de nada. ¿Por qué existe la revista XLI, el lector de XLI y, para abreviar, el universo? ¿No es más sencilla la nada que el ser? La nada no tiene que ser explicada, pero el ser da para muchos libros e incluso para alguna que otra tertulia televisiva. Ya no es cuestión de si vivimos o no en el mejor de los mundos posibles, sino por qué hay algo en lugar de nada. Ludwig Wittgenstein dice en su Tractatus Logico-Philosophicus que lo místico no es cómo es el mundo, sino que el mundo sea, aunque esta cuestión no es más que un pseudoproblema: hablar de por qué hay algo en lugar de nada no tiene sentido porque excede los límites del lenguaje.

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¿Conocen la “prueba de la puerta” que propone Sonny a Calogero en la película Una historia del Bronx (Robert De Niro, 1993) para saber si la chica con la que va a tener una cita puede ser su primer amor? Consiste en que el hombre para el coche delante de la chica, el seguro de su puerta tiene que estar cerrado; el chico sale, cierra la puerta con llave y se acerca a la chica, la conduce hasta el coche, saca la llave y deja que suba. Cuando la chica esté dentro, el chico vuelve a cerrar la puerta; luego va por detrás y mira por la ventanilla trasera, si la chica no se mueve para levantar el seguro de la puerta del chico para que entre, hay que olvidar a esa chica porque significa que solo piensa en ella. Una versión de la “prueba de la puerta” de Sonny podría servir para medir el cariño y respeto con los que un museo recibe a sus visitantes. ¿Levantan los seguros simbólicos de las puertas para que el público entre y disfrute? ¿Se preocupan por los visitantes más que por sí mismos? La chica de Calogero pasó la “prueba de la puerta”. El Museu Egipci de Barcelona, también.

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