El hombre que hizo feliz a la gente o amores y amigos para recordar

Prendidos del gusto por la cultura popular, buscando sus mecas históricas, acaso volamos al Liverpool que lo fuera en la década de los sesenta del pasado siglo… El propio aeropuerto, Liverpool John Lennon Airport, lo asume… Y acoge en sus instalaciones un “pasajero de bronce” obra del escultor autodidacta local Tom Murphy (1949), un John Lennon que hizo acto de presencia allá por 2002… Pero si buscamos otro bronce con todos los “escarabajos beats”2, allá en las inmediaciones del mítico Cavern Club de sus orígenes, que la financió y regaló a la ciudad, nos encontraremos, en el Paseo marítimo, Pier Head, frente al río Mersey, muy cerca de las llamadas “tres Gracias” de la ciudad (Royal Liver Building, Cunard Building y Port of Liverpool Building) con la obra de Andy Edwards3 en la que los cuatro músicos caminan juntos…

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…Y pobre del que quiera quitarnos la ilusión o el preciado tesoro de la bonhomía

José Ignacio Fernández del Castro.
En realidad, nuestras mejores utopías, las únicas a nuestro alcance (especialmente en esos tiempos, ya casi permanentes para tanta buena gente, de crisis), están siempre en lo inmediato… Y esto lo sabía muy bien Manolo Preciado.

En realidad, sabemos todos bien (sobre todo los filósofos materialistas) que las grandes palabras y los grandes ideales se tuercen y tergiversan… Sabemos que las viejas esperanzas se tornan nuevos olvidos, que los placeres pasados derivan tristezas presentes, que el mundo que observamos amenaza ruina, que la muerte solo aporta un silencio más denso, que lo que creíamos horizonte ofrecido no es más que siniestra y hermética frontera, que ese mar del que siempre esperábamos nuevos y sugerentes encuentros se torna cada día más en amenaza, que esas noches que en la juventud eran promesa abierta son ya apenas negación de nosotros mismos, nada… Que nuestras mayores fuentes de inspiración y gozo son, en fin, simple y efímera materia corruptible. La alegría de una efímera victoria o la adrenalina que espolea la voluntad de cambio tras la frecuente derrota (real o simbólica).

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Prendidos del gusto por la cultura popular, buscando sus mecas históricas, acaso volamos al Liverpool que lo fuera en la década de los sesenta del pasado siglo… El propio aeropuerto, Liverpool John Lennon Airport, lo asume… Y acoge en sus instalaciones un “pasajero de bronce” obra del escultor autodidacta local Tom Murphy (1949), un John Lennon que hizo acto de presencia allá por 2002… Pero si buscamos otro bronce con todos los “escarabajos beats”2, allá en las inmediaciones del mítico Cavern Club de sus orígenes, que la financió y regaló a la ciudad, nos encontraremos, en el Paseo marítimo, Pier Head, frente al río Mersey, muy cerca de las llamadas “tres Gracias” de la ciudad (Royal Liver Building, Cunard Building y Port of Liverpool Building) con la obra de Andy Edwards3 en la que los cuatro músicos caminan juntos…

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En realidad, nuestras mejores utopías, las únicas a nuestro alcance (especialmente en esos tiempos, ya casi permanentes para tanta buena gente, de crisis), están siempre en lo inmediato… Y esto lo sabía muy bien Manolo Preciado.

En realidad, sabemos todos bien (sobre todo los filósofos materialistas) que las grandes palabras y los grandes ideales se tuercen y tergiversan… Sabemos que las viejas esperanzas se tornan nuevos olvidos, que los placeres pasados derivan tristezas presentes, que el mundo que observamos amenaza ruina, que la muerte solo aporta un silencio más denso, que lo que creíamos horizonte ofrecido no es más que siniestra y hermética frontera, que ese mar del que siempre esperábamos nuevos y sugerentes encuentros se torna cada día más en amenaza, que esas noches que en la juventud eran promesa abierta son ya apenas negación de nosotros mismos, nada… Que nuestras mayores fuentes de inspiración y gozo son, en fin, simple y efímera materia corruptible. La alegría de una efímera victoria o la adrenalina que espolea la voluntad de cambio tras la frecuente derrota (real o simbólica).

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