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Música

Diversión ilegal: el final del rock californiano 1976-1980 (Primera parte)

A mediados de la década de 1970 ya se veía el final. Estaba quedando claro. Se había gastado mucho, consumido mucho y corrido mucho. Casi todo. Era la época de la decadencia. Lo poco que quedaba había que dilapidarlo a lo grande. Los Ángeles había recuperado desde finales de los 60 su lugar como epicentro económico e industrial del disco, de la música, pero pronto todo se iba a atomizar por completo y Nueva York iba a reclamar su lugar entre el hedonismo y la oscuridad, el disco y el punk. Los clubes sudorosos y las calles peligrosas se iban a conformar como el espacio del final de la década, sustituyendo a las carreteras sinuosas, las brisas marinas, los hoteles de lujo y las fiestas exclusivas. 

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Prince: su etapa con la banda “The Revolution” (1983-1986)

Prince (1958-2016) fue un cantante, multiinstrumentista y compositor de Minneapolis (EE.UU.) que cosechó grandes logros, tanto artísticos como comerciales, desde su debut en 1978 hasta sus últimos trabajos. En todo caso, de manera casi unánime, se considera la década de los 80 su mejor época. Hasta David Bowie diría: "Los 80 son de Prince". 

En los primeros discos, el artista de Minneapolis toca todos los instrumentos, pero en 1983 decide formar una banda que enriquezca su música, llamada “The Revolution”. De vocación aperturista, en ella hay negros y blancos, chicos y chicas, destacando las talentosas Wendy y Lisa.

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Ray Charles y “Lonely Avenue”: ese irresistible terciopelo

Será por el modo en que penden de un hilo la sílabas al cantar, o por ese leve quejido que se le escapa Ray Charles por la garganta, o tal vez sea por esa imagen, la de las ventanas que se niegan a dejar pasar el sol dentro de la habitación, o puede que sea por la cadencia de la baqueta en cada golpe a la caja, por ese arrastrao que tiene lo guapo aunque repte en lugar de caminar; será por la seda, porque no sabemos aún que se va a manchar de sangre, sudor, y lágrimas, porque aún no entendemos que vamos a dejarnos un cigarro mal apagado y va a dejar agujeros como disparos en la delicada gama de suaves que antes la formaban...

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Entrevista al barítono Javier Povedano

Javier Povedano (Córdoba) finalizó sus estudios de canto en la Escuela Superior de Canto de Madrid, y además es licenciado en clarinete por el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y tiene un diploma en música de cámara en la Escuela Superior de Música Reina Sofía. Ha ganado diversos concursos en Europa como clarinetista solista y con el Quinteto de Viento Enara. Ganador del Primer Premio y el Premio del Público en el XI Concorso Internazionale di Canto barocco Francesco Provenzale en Nápoles, y Segundo Premio en el XXXIX Concurso Internacional de Canto de Logroño. Javier Povedano no solo canta ópera, sino programas liederísticos o de repertorio sinfónico. Ha cantado como solista la Messa in G de Schubert, Matthäuspassion de Bach, Carmina Burana de Orff, Messiah de Händel, Ein Deutsches Requiem de Brahms, la 9º Sinfonía de Beethoven, el Requiem de Fauré, la Krönungsmesse y el Requiem de Mozart, con orquestas como la Orquesta de Córdoba, la Orquesta Ciudad de Granada, la Orquesta Sinfónica de Navarra, la Orquesta Ciudad de Almería o la Orquesta Filarmonía. Ha trabajado con maestros como Andrea Marcon, José Miguel Pérez Sierra, Óliver Díaz, Guillermo García Calvo, Luciano Acocella, Yi-Chen Lin, Carlos Domínguez Nieto, Aarón Zapico, Lucas Macías, Jacopo Brusa y Ramón Tébar; y ha colaborado con los directores de escena Emilio Sagi, Rafael R. Villalobos, Lorenzo Regazzo, Joan Antón Rechi, Paul-Émile Fourny, Silvia Paoli y Nicola Berloffa. Lástima que no puedan escuchar su voz en esta entrevista, pero a cambio tenemos sus palabras.

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La Escalera al Cielo está en Gijón

Algunas calles del planeta contienen elementos donde el hormigón y el ladrillo dejan de ser simple material de construcción para convertirse en testimonio de la música. En Nueva York tienes el cruce de Ludlow con Rivington de Manhattan (ahora la “Beastie Boys Square”, portada de su Paul's Boutique (1989) o St. Mark's Place (Led Zeppelin, Physical Graffiti); en Londres, el paso de cebra de Abbey Road. Pero si caminas por el Puerto Deportivo de Gijón, en un punto de conexión del Muelle con el barrio de Cimadevilla, te encuentras con un pasaje colorido de peldaños ascendentes: la Escalera del Rock.

Ubicada entre las calles Claudio Alvargonzález y Óscar Olavarría, esta escalinata era hasta hace unos años anodina y oscura, regada con más frecuencia de lo deseable por la urgencia de paseantes nocturnos. Sin embargo, hoy encontramos en ella un monumento vivo a la melomanía. De un mero atajo urbano a un reciclaje ingenioso de 42 peldaños que muestran algunos de los mejores momentos de la cultura musical de nuestro tiempo. La lista de los mejores discos de la historia. Aunque - y no cargaremos demasiado las tintas en este asunto- sería más preciso afirmar que se trata de obras significativas desde 1959 hasta principios de los 90 de la música anglosajona. Lo dejamos ahí.

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¿De quién es El amor brujo?

Esta historia mía comienza en una escuela de danza en la Corredoria, un conocido barrio de Oviedo. A sus salas acuden personas para iniciar o perfeccionar distintas disciplinas de baile. En la entrada, Luis Martínez recibe amablemente a quienes llegamos, con ganas e ilusión, buscando el sabio magisterio de Antonio Perea, malagueño, su director y único profesor. Más de 100 alumnos -sobre todo alumnas, la verdad- poblamos esta academia en la que la danza española y el flamenco son sus señas de identidad, aunque no sólo. 

Antonio imparte sus clases con el arte del maestro que sabe enseñar, con naturalidad, paciencia, buen humor y sobre todo con la sabiduría que acarrea a sus espaldas y que se le sale en cada clase quiera él o no. Es bailarín, bailaor, coreógrafo, artista, y no se conforma. Siempre busca un más allá. Con el alumnado que tiene se las arregla para crear eventos que podrían ser festivales de fin de curso, pero él ahonda en lo que las personas pueden llevar dentro y las hace brillar. Prepara verdaderos montajes con una buena dosis de teatralidad atravesada por su increíble gracia e imaginación. Aprovecha las dotes especiales de todos para enriquecer ese espectáculo y rebusca en su larga experiencia como profesional del arte de la danza para generar coreografías y mezclarlas formando un todo con argumento común.

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Entrevista a la soprano Suzana Nadejde

Suzana Nadejde (Piatra Neamț, Rumanía) ha ganado muchos premios (Premio Sonzogno en el Concurso Internacional Salice d’Oro  de Novara–Milán, 2019; Segundo Premio y Premio del Público en el Concurso Internacional Un futuro de Arte de Medinaceli, Soria; Premio de Excelencia en Música otorgado por el Ministerio de Cultura de Rumanía 2013–2014; Prix Spécial Philharmonie de Chișinău en el Concours Enesco de París, 2025) y ha trabajado con directores de orquesta y de escena como Fabio Luisi, Richard Bonynge, Emilio Sagi, Carlos Aragón, José Miguel Pérez-Sierra o Michael Thomas, y con maestros del canto como Mariella Devia, Sherman Lowe y Vivica Genaux. Los que entienden de verdad de música (en XLI somos, como en todo lo que hacemos, aficionados) dicen que la voz de Suzana se distingue por un timbre potente, expresivo y flexible, cualidades que le permiten abordar con naturalidad un amplio repertorio lírico. Y así tiene que ser, porque el lujo de escuchar las respuestas de Suzana a nuestra entrevista solo es superado por la delicia de escuchar su voz mientras responde.

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Música con clase

En el Ensemble 4.70 estamos convencidos de que, más allá de sus beneficios para el crecimiento de las plantas y el incremento de la producción lechera de las vacas (al menos en Wisconsin…), la música hace mejores y más felices a las personas. ¿Ingenuos, idealistas? Quizás (es cierto que hay contraejemplos, casos de individuos tenazmente refractarios a esta balsámica influencia), pero es algo que los filósofos antiguos intuían y la ciencia moderna tiende a corroborar. También estamos de acuerdo en que a la mayoría de la gente que cree que no le gusta la música clásica lo único que le pasa es simplemente que no la conoce. Y además se están perdiendo una estimulante e inagotable fuente de conversación: la experiencia del concierto se enriquece considerablemente si se ve prolongada en el chigre comentando la jugada. Y no es preciso ser un entendido, porque en caso de duda tenemos topicazos comodín: los violines desafinan, las violas van tarde, el metal muy fuerte, las sopranos chillan, las contraltos calan,… (equivalentes al “son once pa once”, “no hay enemigo fácil” o “el fútbol es así”). Aciertas fijo. 

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Entrevista a Carlos Porro, responsable del fondo documental de la Fundación Joaquín Díaz

Es muy habitual que cuando hacemos una entrevista y están los hijos presentes nos dicen que jamás han oído esos repertorios a sus padres y jamás los han oído cantar ni contar nada. Y esto hace ver al entorno inmediato el valor de esta persona, como transmisor y como conocedor

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Lennon está de viaje

Solo hay cuatro personas en el mundo que no hayan sentidola convulsión de escuchar a los Beatles por primera vez. Solo hay cuatro personas que cuando hablan de los Beatles hablan de sí mismos. Solo hay cuatro Beatles. En 1994 quedaban tres.

“Éramos cuatro tíos que se querían”, así define Ringo al grupo. Sin embargo, esa es una definición que solo se puede hacer desde dentro. El resto de la humanidad podrá decir y sentir otras cosas, pero no esta. Ni siquiera sus colaboradores más cercanos, ni sus parejas, ni sus familias podrían afirmar tan tierna y rotundamente que los Beatles solo eran cuatro tipos que se querían; había que estar dentro para decirlo, había que estar en la solicitada piel de uno de ellos, había que ser un Beatle.

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Música

Diversión ilegal: el final del rock californiano 1976-1980 (Primera parte)

A mediados de la década de 1970 ya se veía el final. Estaba quedando claro. Se había gastado mucho, consumido mucho y corrido mucho. Casi todo. Era la época de la decadencia. Lo poco que quedaba había que dilapidarlo a lo grande. Los Ángeles había recuperado desde finales de los 60 su lugar como epicentro económico e industrial del disco, de la música, pero pronto todo se iba a atomizar por completo y Nueva York iba a reclamar su lugar entre el hedonismo y la oscuridad, el disco y el punk. Los clubes sudorosos y las calles peligrosas se iban a conformar como el espacio del final de la década, sustituyendo a las carreteras sinuosas, las brisas marinas, los hoteles de lujo y las fiestas exclusivas. 

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Prince: su etapa con la banda “The Revolution” (1983-1986)

Prince (1958-2016) fue un cantante, multiinstrumentista y compositor de Minneapolis (EE.UU.) que cosechó grandes logros, tanto artísticos como comerciales, desde su debut en 1978 hasta sus últimos trabajos. En todo caso, de manera casi unánime, se considera la década de los 80 su mejor época. Hasta David Bowie diría: "Los 80 son de Prince". 

En los primeros discos, el artista de Minneapolis toca todos los instrumentos, pero en 1983 decide formar una banda que enriquezca su música, llamada “The Revolution”. De vocación aperturista, en ella hay negros y blancos, chicos y chicas, destacando las talentosas Wendy y Lisa.

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Ray Charles y “Lonely Avenue”: ese irresistible terciopelo

Será por el modo en que penden de un hilo la sílabas al cantar, o por ese leve quejido que se le escapa Ray Charles por la garganta, o tal vez sea por esa imagen, la de las ventanas que se niegan a dejar pasar el sol dentro de la habitación, o puede que sea por la cadencia de la baqueta en cada golpe a la caja, por ese arrastrao que tiene lo guapo aunque repte en lugar de caminar; será por la seda, porque no sabemos aún que se va a manchar de sangre, sudor, y lágrimas, porque aún no entendemos que vamos a dejarnos un cigarro mal apagado y va a dejar agujeros como disparos en la delicada gama de suaves que antes la formaban...

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Entrevista al barítono Javier Povedano

Javier Povedano (Córdoba) finalizó sus estudios de canto en la Escuela Superior de Canto de Madrid, y además es licenciado en clarinete por el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y tiene un diploma en música de cámara en la Escuela Superior de Música Reina Sofía. Ha ganado diversos concursos en Europa como clarinetista solista y con el Quinteto de Viento Enara. Ganador del Primer Premio y el Premio del Público en el XI Concorso Internazionale di Canto barocco Francesco Provenzale en Nápoles, y Segundo Premio en el XXXIX Concurso Internacional de Canto de Logroño. Javier Povedano no solo canta ópera, sino programas liederísticos o de repertorio sinfónico. Ha cantado como solista la Messa in G de Schubert, Matthäuspassion de Bach, Carmina Burana de Orff, Messiah de Händel, Ein Deutsches Requiem de Brahms, la 9º Sinfonía de Beethoven, el Requiem de Fauré, la Krönungsmesse y el Requiem de Mozart, con orquestas como la Orquesta de Córdoba, la Orquesta Ciudad de Granada, la Orquesta Sinfónica de Navarra, la Orquesta Ciudad de Almería o la Orquesta Filarmonía. Ha trabajado con maestros como Andrea Marcon, José Miguel Pérez Sierra, Óliver Díaz, Guillermo García Calvo, Luciano Acocella, Yi-Chen Lin, Carlos Domínguez Nieto, Aarón Zapico, Lucas Macías, Jacopo Brusa y Ramón Tébar; y ha colaborado con los directores de escena Emilio Sagi, Rafael R. Villalobos, Lorenzo Regazzo, Joan Antón Rechi, Paul-Émile Fourny, Silvia Paoli y Nicola Berloffa. Lástima que no puedan escuchar su voz en esta entrevista, pero a cambio tenemos sus palabras.

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Algunas calles del planeta contienen elementos donde el hormigón y el ladrillo dejan de ser simple material de construcción para convertirse en testimonio de la música. En Nueva York tienes el cruce de Ludlow con Rivington de Manhattan (ahora la “Beastie Boys Square”, portada de su Paul's Boutique (1989) o St. Mark's Place (Led Zeppelin, Physical Graffiti); en Londres, el paso de cebra de Abbey Road. Pero si caminas por el Puerto Deportivo de Gijón, en un punto de conexión del Muelle con el barrio de Cimadevilla, te encuentras con un pasaje colorido de peldaños ascendentes: la Escalera del Rock.

Ubicada entre las calles Claudio Alvargonzález y Óscar Olavarría, esta escalinata era hasta hace unos años anodina y oscura, regada con más frecuencia de lo deseable por la urgencia de paseantes nocturnos. Sin embargo, hoy encontramos en ella un monumento vivo a la melomanía. De un mero atajo urbano a un reciclaje ingenioso de 42 peldaños que muestran algunos de los mejores momentos de la cultura musical de nuestro tiempo. La lista de los mejores discos de la historia. Aunque - y no cargaremos demasiado las tintas en este asunto- sería más preciso afirmar que se trata de obras significativas desde 1959 hasta principios de los 90 de la música anglosajona. Lo dejamos ahí.

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Esta historia mía comienza en una escuela de danza en la Corredoria, un conocido barrio de Oviedo. A sus salas acuden personas para iniciar o perfeccionar distintas disciplinas de baile. En la entrada, Luis Martínez recibe amablemente a quienes llegamos, con ganas e ilusión, buscando el sabio magisterio de Antonio Perea, malagueño, su director y único profesor. Más de 100 alumnos -sobre todo alumnas, la verdad- poblamos esta academia en la que la danza española y el flamenco son sus señas de identidad, aunque no sólo. 

Antonio imparte sus clases con el arte del maestro que sabe enseñar, con naturalidad, paciencia, buen humor y sobre todo con la sabiduría que acarrea a sus espaldas y que se le sale en cada clase quiera él o no. Es bailarín, bailaor, coreógrafo, artista, y no se conforma. Siempre busca un más allá. Con el alumnado que tiene se las arregla para crear eventos que podrían ser festivales de fin de curso, pero él ahonda en lo que las personas pueden llevar dentro y las hace brillar. Prepara verdaderos montajes con una buena dosis de teatralidad atravesada por su increíble gracia e imaginación. Aprovecha las dotes especiales de todos para enriquecer ese espectáculo y rebusca en su larga experiencia como profesional del arte de la danza para generar coreografías y mezclarlas formando un todo con argumento común.

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Suzana Nadejde (Piatra Neamț, Rumanía) ha ganado muchos premios (Premio Sonzogno en el Concurso Internacional Salice d’Oro  de Novara–Milán, 2019; Segundo Premio y Premio del Público en el Concurso Internacional Un futuro de Arte de Medinaceli, Soria; Premio de Excelencia en Música otorgado por el Ministerio de Cultura de Rumanía 2013–2014; Prix Spécial Philharmonie de Chișinău en el Concours Enesco de París, 2025) y ha trabajado con directores de orquesta y de escena como Fabio Luisi, Richard Bonynge, Emilio Sagi, Carlos Aragón, José Miguel Pérez-Sierra o Michael Thomas, y con maestros del canto como Mariella Devia, Sherman Lowe y Vivica Genaux. Los que entienden de verdad de música (en XLI somos, como en todo lo que hacemos, aficionados) dicen que la voz de Suzana se distingue por un timbre potente, expresivo y flexible, cualidades que le permiten abordar con naturalidad un amplio repertorio lírico. Y así tiene que ser, porque el lujo de escuchar las respuestas de Suzana a nuestra entrevista solo es superado por la delicia de escuchar su voz mientras responde.

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Solo hay cuatro personas en el mundo que no hayan sentidola convulsión de escuchar a los Beatles por primera vez. Solo hay cuatro personas que cuando hablan de los Beatles hablan de sí mismos. Solo hay cuatro Beatles. En 1994 quedaban tres.

“Éramos cuatro tíos que se querían”, así define Ringo al grupo. Sin embargo, esa es una definición que solo se puede hacer desde dentro. El resto de la humanidad podrá decir y sentir otras cosas, pero no esta. Ni siquiera sus colaboradores más cercanos, ni sus parejas, ni sus familias podrían afirmar tan tierna y rotundamente que los Beatles solo eran cuatro tipos que se querían; había que estar dentro para decirlo, había que estar en la solicitada piel de uno de ellos, había que ser un Beatle.

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