Haz clic aquí
Música

Idiotas sentimentales: el final del rock californiano, 1976-1980 (Segunda parte)

Una de las cosas que dejó claras la entrada en 1978 fue que había un cambio de guardia en marcha. Las placas tectónicas de la música pop se habían inclinado nuevamente hacia la Costa Este. Era el lugar donde había que estar. La música disco, con su beat monomaníaco y sus pulsaciones por minuto al borde del infarto era la tendencia popular, mientras las guitarras angulares y la actitud de la new wave y el punk era la de culto. Nada dejó más claro esto que la abrasadora reaparición reinante de los Rolling Stones con Some Girls. Era un disco grabado en París, pero sus referentes y referencias eran neoyorkinas. Era el mundo que Mick Jagger había aprendido quemando la noche junto a Bianca, de la cual estaba a punto de divorciarse tal y como menciona, tal vez cínica, tal vez irónicamente en Some Girls: “Give me half your money, give me half your car / Give me half of everything, I'll make you world's biggest star”.

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Cole Porter, el compositor más glamuroso del cancionero americano

Cole Porter nació en Perú, una ciudad de Indiana, EE. UU., en 1891. Su abuelo era un rico comerciante y su padre un empresario y pianista aficionado. Las expectativas familiares eran que Cole fuera abogado, pero ajeno a ellas decidió ser músico, formándose en Harvard y perfeccionando sus conocimientos en París, donde vivió unos años, coordinando los estudios con la bohemia nocturna. Cole Porter pronto reconoció su homosexualidad, lo cual no le impide casarse en 1919 con Linda Lee Thomas, una rica divorciada ocho años mayor que él. Este matrimonio de conveniencia aportó a Cole nuevos contactos con la alta sociedad y a Linda el glamur de dejarse ver con el talentoso músico.

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

“Skeleton Tree”, de Nick Cave and The Bad Seeds

En 2016, Nick Cave and The Bad Seeds habían abandonado temporalmente las raíces del Blues y del Punk, la mezcla del Delta y de Berlín, lo visceral antiguo y lo crujiente moderno, y se habían establecido, tras el éxito de la propuesta de “Push The Sky Away” y su “Jubilee Street”, en un lugar en el que las atmósferas de aparente levedad creadas por Warren Ellis llevaban en volandas unas composiciones de melodías precisas y recitados abundantes, con cierto aire a letanía (tal y como Cave explorará en su L.I.T.A.N.I.E.S, de 2020). Estaba en un momento comercial fantástico, tocando en recintos amplios y siendo cabeza de cartel en festivales; el rollo mesiánico de Nick rozaba la caricatura, pero funcionaba con precisión...

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Por la gracia de la canción

A veces nos hemos complicado mucho la vida, pero desde el principio ha estado la canción. Ted Gioia en La música: una historia subversiva (Turner, 2019) ya desgrana cuán adecuados para la acústica son los lugares en los que aparece arte parietal, aunque, si bien es cierto que podemos encontrar instrumentos de hace decenas de miles de años, no podemos encontrar una "partitura" paleolítica de una voz humana. Las flautas de hueso y marfil del Paleolítico superior, algunas de ellas datadas en torno a hace 35.000–40.000 años, demuestran la existencia de una tradición musical compleja. Pero esas flautas no nos dicen si sus intérpretes cantaban simultáneamente, ni si el canto precedió a los instrumentos. Una figura cicládica de un arpista, fechada ca. 2800–2700 a. C., ha sido interpretada como representación de músicos que podían actuar como transmisores de historia, mitología y música en una época anterior a la escritura. El Epitafio de Seikilos (siglos I-II d. C.) es la muestra completa más antigua que manejamos —hay ejemplos más antiguos, como el Himno Hurrita o los fragmentarios himnos mesopotámicos—, y nosotros seguimos tarareando las melodías que nos llegan, las más pegadizas, incluso las más pegajosas. En medio de estos fenómenos previos y el consumo contemporáneo hay mucho que contar; pero si queremos saber, incluso saborear, el inicio de lo que ahora llamamos Pop (la música popular), Bob Stanley ha escrito una guía, una historia, definitiva.

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Las polillas salen de noche

¿Por qué, para hablar de Thelonious Monk, hablar de Kathleen Annie Pannonica Rothschild o de Pannonica de Koenigswarter? ¿Por qué hablar de Pannonica, a secas, que es la protagonista de la composición de Thelonious Monk del mismo nombre, y de tantas otras composiciones, con este nombre, o con el más corto y familiar de Nica, o con otros títulos, protagonista de al menos veinte temas de jazz? ¿Por qué hablar de la mujer perteneciente a una familia judía riquísima, poderosísima, una familia de financieros, salida del miserable gueto de Frankfurt, y que acabó pagando y, por lo tanto, decidiendo guerras; que financió el canal de Suez; que sostuvo Gobiernos en el Reino Unido y que se codeó en comidas, bailes y cacerías con la élite económica, política e intelectual mundial? ¿Por qué hablar de la mujer que, matrimonio y cambio de apellido mediante, se convirtió en baronesa? ¿Por qué hablar de la mujer que inspiró el personaje de la marquesa Tica, en el imprescindible cuento largo o novela corta de Julio Cortázar El perseguidor?

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

El ágora de las Musas

En esta entrega de “El ágora de las Musas” entrevistamos, bajo la protección de la musa Euterpe, a Andrés Rico y Rafa Laviada, miembros de la mítica banda “Alcatraz”. Andrés Rico Pinto, bajista, y Rafael Laviada, guitarra, eran dos chicos de provincias cuando en los años sesenta del pasado siglo tuvieron que emigrar a Madrid para dedicarse a la música profesional. Y es que todo se cocinaba en Madrid y en Barcelona, y la gente de provincias debía tener mucha categoría, como Andrés y Rafa, para poder entrar en grupos como “Alcatraz”. Eran tiempos difíciles, pero con ilusión se conseguían cosas. He aquí dos ejemplos

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Diversión ilegal: el final del rock californiano 1976-1980 (Primera parte)

A mediados de la década de 1970 ya se veía el final. Estaba quedando claro. Se había gastado mucho, consumido mucho y corrido mucho. Casi todo. Era la época de la decadencia. Lo poco que quedaba había que dilapidarlo a lo grande. Los Ángeles había recuperado desde finales de los 60 su lugar como epicentro económico e industrial del disco, de la música, pero pronto todo se iba a atomizar por completo y Nueva York iba a reclamar su lugar entre el hedonismo y la oscuridad, el disco y el punk. Los clubes sudorosos y las calles peligrosas se iban a conformar como el espacio del final de la década, sustituyendo a las carreteras sinuosas, las brisas marinas, los hoteles de lujo y las fiestas exclusivas. 

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Prince: su etapa con la banda “The Revolution” (1983-1986)

Prince (1958-2016) fue un cantante, multiinstrumentista y compositor de Minneapolis (EE.UU.) que cosechó grandes logros, tanto artísticos como comerciales, desde su debut en 1978 hasta sus últimos trabajos. En todo caso, de manera casi unánime, se considera la década de los 80 su mejor época. Hasta David Bowie diría: "Los 80 son de Prince". 

En los primeros discos, el artista de Minneapolis toca todos los instrumentos, pero en 1983 decide formar una banda que enriquezca su música, llamada “The Revolution”. De vocación aperturista, en ella hay negros y blancos, chicos y chicas, destacando las talentosas Wendy y Lisa.

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Ray Charles y “Lonely Avenue”: ese irresistible terciopelo

Será por el modo en que penden de un hilo la sílabas al cantar, o por ese leve quejido que se le escapa Ray Charles por la garganta, o tal vez sea por esa imagen, la de las ventanas que se niegan a dejar pasar el sol dentro de la habitación, o puede que sea por la cadencia de la baqueta en cada golpe a la caja, por ese arrastrao que tiene lo guapo aunque repte en lugar de caminar; será por la seda, porque no sabemos aún que se va a manchar de sangre, sudor, y lágrimas, porque aún no entendemos que vamos a dejarnos un cigarro mal apagado y va a dejar agujeros como disparos en la delicada gama de suaves que antes la formaban...

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí
Música

Idiotas sentimentales: el final del rock californiano, 1976-1980 (Segunda parte)

Una de las cosas que dejó claras la entrada en 1978 fue que había un cambio de guardia en marcha. Las placas tectónicas de la música pop se habían inclinado nuevamente hacia la Costa Este. Era el lugar donde había que estar. La música disco, con su beat monomaníaco y sus pulsaciones por minuto al borde del infarto era la tendencia popular, mientras las guitarras angulares y la actitud de la new wave y el punk era la de culto. Nada dejó más claro esto que la abrasadora reaparición reinante de los Rolling Stones con Some Girls. Era un disco grabado en París, pero sus referentes y referencias eran neoyorkinas. Era el mundo que Mick Jagger había aprendido quemando la noche junto a Bianca, de la cual estaba a punto de divorciarse tal y como menciona, tal vez cínica, tal vez irónicamente en Some Girls: “Give me half your money, give me half your car / Give me half of everything, I'll make you world's biggest star”.

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Cole Porter, el compositor más glamuroso del cancionero americano

Cole Porter nació en Perú, una ciudad de Indiana, EE. UU., en 1891. Su abuelo era un rico comerciante y su padre un empresario y pianista aficionado. Las expectativas familiares eran que Cole fuera abogado, pero ajeno a ellas decidió ser músico, formándose en Harvard y perfeccionando sus conocimientos en París, donde vivió unos años, coordinando los estudios con la bohemia nocturna. Cole Porter pronto reconoció su homosexualidad, lo cual no le impide casarse en 1919 con Linda Lee Thomas, una rica divorciada ocho años mayor que él. Este matrimonio de conveniencia aportó a Cole nuevos contactos con la alta sociedad y a Linda el glamur de dejarse ver con el talentoso músico.

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

“Skeleton Tree”, de Nick Cave and The Bad Seeds

En 2016, Nick Cave and The Bad Seeds habían abandonado temporalmente las raíces del Blues y del Punk, la mezcla del Delta y de Berlín, lo visceral antiguo y lo crujiente moderno, y se habían establecido, tras el éxito de la propuesta de “Push The Sky Away” y su “Jubilee Street”, en un lugar en el que las atmósferas de aparente levedad creadas por Warren Ellis llevaban en volandas unas composiciones de melodías precisas y recitados abundantes, con cierto aire a letanía (tal y como Cave explorará en su L.I.T.A.N.I.E.S, de 2020). Estaba en un momento comercial fantástico, tocando en recintos amplios y siendo cabeza de cartel en festivales; el rollo mesiánico de Nick rozaba la caricatura, pero funcionaba con precisión...

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Por la gracia de la canción

A veces nos hemos complicado mucho la vida, pero desde el principio ha estado la canción. Ted Gioia en La música: una historia subversiva (Turner, 2019) ya desgrana cuán adecuados para la acústica son los lugares en los que aparece arte parietal, aunque, si bien es cierto que podemos encontrar instrumentos de hace decenas de miles de años, no podemos encontrar una "partitura" paleolítica de una voz humana. Las flautas de hueso y marfil del Paleolítico superior, algunas de ellas datadas en torno a hace 35.000–40.000 años, demuestran la existencia de una tradición musical compleja. Pero esas flautas no nos dicen si sus intérpretes cantaban simultáneamente, ni si el canto precedió a los instrumentos. Una figura cicládica de un arpista, fechada ca. 2800–2700 a. C., ha sido interpretada como representación de músicos que podían actuar como transmisores de historia, mitología y música en una época anterior a la escritura. El Epitafio de Seikilos (siglos I-II d. C.) es la muestra completa más antigua que manejamos —hay ejemplos más antiguos, como el Himno Hurrita o los fragmentarios himnos mesopotámicos—, y nosotros seguimos tarareando las melodías que nos llegan, las más pegadizas, incluso las más pegajosas. En medio de estos fenómenos previos y el consumo contemporáneo hay mucho que contar; pero si queremos saber, incluso saborear, el inicio de lo que ahora llamamos Pop (la música popular), Bob Stanley ha escrito una guía, una historia, definitiva.

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Las polillas salen de noche

¿Por qué, para hablar de Thelonious Monk, hablar de Kathleen Annie Pannonica Rothschild o de Pannonica de Koenigswarter? ¿Por qué hablar de Pannonica, a secas, que es la protagonista de la composición de Thelonious Monk del mismo nombre, y de tantas otras composiciones, con este nombre, o con el más corto y familiar de Nica, o con otros títulos, protagonista de al menos veinte temas de jazz? ¿Por qué hablar de la mujer perteneciente a una familia judía riquísima, poderosísima, una familia de financieros, salida del miserable gueto de Frankfurt, y que acabó pagando y, por lo tanto, decidiendo guerras; que financió el canal de Suez; que sostuvo Gobiernos en el Reino Unido y que se codeó en comidas, bailes y cacerías con la élite económica, política e intelectual mundial? ¿Por qué hablar de la mujer que, matrimonio y cambio de apellido mediante, se convirtió en baronesa? ¿Por qué hablar de la mujer que inspiró el personaje de la marquesa Tica, en el imprescindible cuento largo o novela corta de Julio Cortázar El perseguidor?

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

El ágora de las Musas

En esta entrega de “El ágora de las Musas” entrevistamos, bajo la protección de la musa Euterpe, a Andrés Rico y Rafa Laviada, miembros de la mítica banda “Alcatraz”. Andrés Rico Pinto, bajista, y Rafael Laviada, guitarra, eran dos chicos de provincias cuando en los años sesenta del pasado siglo tuvieron que emigrar a Madrid para dedicarse a la música profesional. Y es que todo se cocinaba en Madrid y en Barcelona, y la gente de provincias debía tener mucha categoría, como Andrés y Rafa, para poder entrar en grupos como “Alcatraz”. Eran tiempos difíciles, pero con ilusión se conseguían cosas. He aquí dos ejemplos

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Diversión ilegal: el final del rock californiano 1976-1980 (Primera parte)

A mediados de la década de 1970 ya se veía el final. Estaba quedando claro. Se había gastado mucho, consumido mucho y corrido mucho. Casi todo. Era la época de la decadencia. Lo poco que quedaba había que dilapidarlo a lo grande. Los Ángeles había recuperado desde finales de los 60 su lugar como epicentro económico e industrial del disco, de la música, pero pronto todo se iba a atomizar por completo y Nueva York iba a reclamar su lugar entre el hedonismo y la oscuridad, el disco y el punk. Los clubes sudorosos y las calles peligrosas se iban a conformar como el espacio del final de la década, sustituyendo a las carreteras sinuosas, las brisas marinas, los hoteles de lujo y las fiestas exclusivas. 

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Prince: su etapa con la banda “The Revolution” (1983-1986)

Prince (1958-2016) fue un cantante, multiinstrumentista y compositor de Minneapolis (EE.UU.) que cosechó grandes logros, tanto artísticos como comerciales, desde su debut en 1978 hasta sus últimos trabajos. En todo caso, de manera casi unánime, se considera la década de los 80 su mejor época. Hasta David Bowie diría: "Los 80 son de Prince". 

En los primeros discos, el artista de Minneapolis toca todos los instrumentos, pero en 1983 decide formar una banda que enriquezca su música, llamada “The Revolution”. De vocación aperturista, en ella hay negros y blancos, chicos y chicas, destacando las talentosas Wendy y Lisa.

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Ray Charles y “Lonely Avenue”: ese irresistible terciopelo

Será por el modo en que penden de un hilo la sílabas al cantar, o por ese leve quejido que se le escapa Ray Charles por la garganta, o tal vez sea por esa imagen, la de las ventanas que se niegan a dejar pasar el sol dentro de la habitación, o puede que sea por la cadencia de la baqueta en cada golpe a la caja, por ese arrastrao que tiene lo guapo aunque repte en lugar de caminar; será por la seda, porque no sabemos aún que se va a manchar de sangre, sudor, y lágrimas, porque aún no entendemos que vamos a dejarnos un cigarro mal apagado y va a dejar agujeros como disparos en la delicada gama de suaves que antes la formaban...

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Temas

Mi cuenta

Bienvenido,

  • Nombre de usuario:
  • Correo electrónico:

Mis suscripciones

No tienes una suscripción activa. Elige tu suscripción