Entrevista al arqueólogo Jorge Calvelo Álvarez

Si me diesen un euro por cada vez que alguien me ha dicho “yo quería ser arqueólogo de pequeño” y hoy se dedica a otra cosa, probablemente sería rico. Es fácil enamorarse de la idea de la arqueología, porque tiene algo de aventura y de misterio, pero también es una profesión bastante romantizada: mucha gente nos imagina con un pincel en la mano descubriendo tesoros a diario. A veces ocurre, claro, pero no es lo habitual.

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Los andamios del Partenón y la estatua inexistente de Elgin

Bruce Springsteen me miró en un concierto, Woody Allen me firmó una vez un autógrafo y Mary Beard y yo nos dirigimos un kalimera (“buenos días”, en griego) cuando nos cruzamos en la visita que la maravillosa escritora, profesora y divulgadora británica hizo al Museo Villa Romana de Veranes en Gijón (sí, es verdad, tendría que haberla saludado en latín, pero…). Estoy muy orgulloso de mi currículum. Creo que he leído todos los libros de Mary Beard que han sido traducidos al español, he visto los estupendos documentales en los que ha participado e incluso tuve la suerte de escucharla en directo cuando estuvo en Oviedo recogiendo el Premio Príncipe de Asturias...

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Mis queridas Cariátides

Esther Castro. En la Acrópolis de Atenas hay seis esculturas con forma de mujer que sujetan el techo de un pórtico en un templo peculiar. El templo es el Erecteion. Al estudiar Arte griego, en la Complutense allá por los 80 con mi profesor Blanco Freijeiro, aprendí que el Erecteion (Ἐρέχθειον Eréjzeion) es un templo en el lado norte de la Acrópolis de Atenas, atribuido a los arquitectos Mnesicles y Filocles. Su nombre significa "templo de Erecteo” y es uno de los más bellos edificios griegos. Está construido con blanquísimo mármol pentélico, antiguamente coloreado en parte, y se levantó entre el año 421 a. C. y 406 a. C. De planta irregular, consta de tres cuerpos. Uno de ellos es el famoso pórtico, que parece que indicaba la tumba del mítico rey Cécrope, también llamado Erecteo. Las seis muchachas están de pie colocadas en forma de pi (Π, como dirían los griegos) o en forma de U como decimos en español. Miden 2,3 metros de altura y cumplen la función de columna con un cesto en la cabeza que hace de capitel. Dicen que el escultor Alcámenes pudo ser su creador.       

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Entrevista a la egiptóloga Gudelia García Fernández

Gudelia García Fernández es egiptóloga y profesora en la Universidad de Kagawa (Japón). Se licenció en la Universidad de Oviedo y obtuvo el doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid. Ha participado en excavaciones arqueológicas como miembro del Proyecto Djehuty, en Luxor. Su investigación se centra en la religión y la política del Egipto antiguo, con especial interés en el dios luna Iah. Combina la docencia universitaria con el trabajo de campo y la publicación de estudios científicos.

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La Biblioteca encontrada

Antonio Rico.
La Biblioteca de Alejandría no es una de las maravillas del mundo antiguo (sí lo es el faro de Alejandría), pero fue una maravilla del mundo que, como todo lo sólido, se disolvió en el aire de la historia. El filólogo e historiador del mundo antiguo Luciano Canfora (autor también de “Una profesión peligrosa: la vida cotidiana de los filósofos griegos” o “El mundo de Atenas”) ha escrito un libro sobre la Biblioteca de Alejandría que es también una maravilla de divulgación, análisis, investigación y hasta puntillismo erudito. De entre las muchas cosas que aprendemos leyendo “La biblioteca desaparecida” hay una que impactará a los cinéfilos que han visto cien veces la deslumbrante Cleopatra (1963) de J. L. Mankiewicz o la un poquito irritante César y Cleopatra (Caesar and Cleopatra, 1945) de Gabriel Pascal.

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Se está mejor en casa que en ningún sitio

Juan J. Alonso.
En la preciosa sala de más de 3.200 m2 del nuevo Museo de la Acrópolis donde se exponen las decoraciones originales del friso, las metopas y los frontones del Partenón (y copias en yeso de algunos elementos que actualmente se encuentran en otros museos) falta algo. Falta mucho. La sala está preparada para recibir, algún día o quizás algún siglo, los elementos que faltan, y cuando eso ocurra los turistas podremos admirar el conjunto en la misma disposición en que se hallaban en el templo original. ¿Optimismo arqueológico? Llamémoslo así. Como diría Gramsci, frente al pesimismo de la inteligencia que dice que el Museo Británico jamás devolverá los mármoles del Partenón expoliados por Lord Elgin, hay que oponer el optimismo de la voluntad que, con el recuerdo siempre inspirador de Melina Mercouri, perseverará hasta que los británicos entren en razón y devuelvan a Grecia lo que es de Grecia. Pero es que, además, hay motivos para el optimismo.

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Entrevista al arqueólogo Jorge Calvelo Álvarez

Si me diesen un euro por cada vez que alguien me ha dicho “yo quería ser arqueólogo de pequeño” y hoy se dedica a otra cosa, probablemente sería rico. Es fácil enamorarse de la idea de la arqueología, porque tiene algo de aventura y de misterio, pero también es una profesión bastante romantizada: mucha gente nos imagina con un pincel en la mano descubriendo tesoros a diario. A veces ocurre, claro, pero no es lo habitual.

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Los andamios del Partenón y la estatua inexistente de Elgin

Bruce Springsteen me miró en un concierto, Woody Allen me firmó una vez un autógrafo y Mary Beard y yo nos dirigimos un kalimera (“buenos días”, en griego) cuando nos cruzamos en la visita que la maravillosa escritora, profesora y divulgadora británica hizo al Museo Villa Romana de Veranes en Gijón (sí, es verdad, tendría que haberla saludado en latín, pero…). Estoy muy orgulloso de mi currículum. Creo que he leído todos los libros de Mary Beard que han sido traducidos al español, he visto los estupendos documentales en los que ha participado e incluso tuve la suerte de escucharla en directo cuando estuvo en Oviedo recogiendo el Premio Príncipe de Asturias...

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Mis queridas Cariátides

Esther Castro. En la Acrópolis de Atenas hay seis esculturas con forma de mujer que sujetan el techo de un pórtico en un templo peculiar. El templo es el Erecteion. Al estudiar Arte griego, en la Complutense allá por los 80 con mi profesor Blanco Freijeiro, aprendí que el Erecteion (Ἐρέχθειον Eréjzeion) es un templo en el lado norte de la Acrópolis de Atenas, atribuido a los arquitectos Mnesicles y Filocles. Su nombre significa "templo de Erecteo” y es uno de los más bellos edificios griegos. Está construido con blanquísimo mármol pentélico, antiguamente coloreado en parte, y se levantó entre el año 421 a. C. y 406 a. C. De planta irregular, consta de tres cuerpos. Uno de ellos es el famoso pórtico, que parece que indicaba la tumba del mítico rey Cécrope, también llamado Erecteo. Las seis muchachas están de pie colocadas en forma de pi (Π, como dirían los griegos) o en forma de U como decimos en español. Miden 2,3 metros de altura y cumplen la función de columna con un cesto en la cabeza que hace de capitel. Dicen que el escultor Alcámenes pudo ser su creador.       

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Entrevista a la egiptóloga Gudelia García Fernández

Gudelia García Fernández es egiptóloga y profesora en la Universidad de Kagawa (Japón). Se licenció en la Universidad de Oviedo y obtuvo el doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid. Ha participado en excavaciones arqueológicas como miembro del Proyecto Djehuty, en Luxor. Su investigación se centra en la religión y la política del Egipto antiguo, con especial interés en el dios luna Iah. Combina la docencia universitaria con el trabajo de campo y la publicación de estudios científicos.

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Antonio Rico.
La Biblioteca de Alejandría no es una de las maravillas del mundo antiguo (sí lo es el faro de Alejandría), pero fue una maravilla del mundo que, como todo lo sólido, se disolvió en el aire de la historia. El filólogo e historiador del mundo antiguo Luciano Canfora (autor también de “Una profesión peligrosa: la vida cotidiana de los filósofos griegos” o “El mundo de Atenas”) ha escrito un libro sobre la Biblioteca de Alejandría que es también una maravilla de divulgación, análisis, investigación y hasta puntillismo erudito. De entre las muchas cosas que aprendemos leyendo “La biblioteca desaparecida” hay una que impactará a los cinéfilos que han visto cien veces la deslumbrante Cleopatra (1963) de J. L. Mankiewicz o la un poquito irritante César y Cleopatra (Caesar and Cleopatra, 1945) de Gabriel Pascal.

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Se está mejor en casa que en ningún sitio

Juan J. Alonso.
En la preciosa sala de más de 3.200 m2 del nuevo Museo de la Acrópolis donde se exponen las decoraciones originales del friso, las metopas y los frontones del Partenón (y copias en yeso de algunos elementos que actualmente se encuentran en otros museos) falta algo. Falta mucho. La sala está preparada para recibir, algún día o quizás algún siglo, los elementos que faltan, y cuando eso ocurra los turistas podremos admirar el conjunto en la misma disposición en que se hallaban en el templo original. ¿Optimismo arqueológico? Llamémoslo así. Como diría Gramsci, frente al pesimismo de la inteligencia que dice que el Museo Británico jamás devolverá los mármoles del Partenón expoliados por Lord Elgin, hay que oponer el optimismo de la voluntad que, con el recuerdo siempre inspirador de Melina Mercouri, perseverará hasta que los británicos entren en razón y devuelvan a Grecia lo que es de Grecia. Pero es que, además, hay motivos para el optimismo.

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