Haz clic aquí
Cine

La odisea de ser Odiseo en 2026

Un par de días después de ver Odisea (Christopher Nolan, 2026), terminé leyendo por azar una reseña de la película en The New Yorker. El texto bajo el titular captó mi atención y, desde entonces, rondó mis pensamientos de manera intermitente. Este decía: «The director’s Homer adaptation presents a modern, relatable Odysseus, rather than trying to understand the ancient world on its own terms», es decir, «la adaptación del director de Homero presenta un Odiseo moderno y con el que el público puede identificarse, en lugar de intentar comprender el mundo antiguo en sus propios términos». Ello me llevaba a plantearme: ¿es el Odiseo de Nolan más moderno y cercano a nosotros? ¿Acaso tratar de comprender el mundo antiguo desde su perspectiva puede bloquear nuestra capacidad para empatizar con el protagonista de la historia?

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

De Bran a Bram

Bram Stoker, el autor de Drácula, no visitó nunca Transilvania, así que sus descripciones de paisajes, localizaciones geográficas y costumbres locales proceden de mapas y libros de la época. A diferencia de Stoker, los lectores de su novela y los incondicionales de la maravillosa película Drácula (1931) dirigida por Tod Browning, basada en una de las adaptaciones teatrales de la novela (la de Hamilton Deane y John Balderston) y protagonizada por Bela Lugosi (que es a Drácula lo que Sean Connery es a James Bond), podemos visitar Transilvania para buscar las huellas del Conde Drácula o, sin más, para hacer turismo por pueblos, ciudades y montañas fascinantes. Reconozco que el objetivo central de este viaje por Transilvania que le propongo es el castillo de Bran, el llamado “castillo de Drácula”, pero el mito de Drácula (pasado por el cine) no debe ocultar el hecho de que Transilvania es mucho más que Drácula y los vampiros, del mismo modo que Ítaca quizás es algo más (dicho con todos los respetos y precauciones) que la isla de Odiseo...

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Más allá de los blockbusters

Desde su nacimiento en 1999, el ciclo “Peor... ¡Imposible!”  asienta su trayectoria en una base multidisciplinar y un rendido afecto al cine. Durante estos 27 años ha venido ofreciendo al público alguna de sus obras más curiosas, que han sido erosionadas por el efecto del paso del tiempo y donde destacan sus elementos, vistos ahora, absurdos y extraños. Aunque lo cierto es que esas obras son poseedoras de un conjunto de manifestaciones artísticas y folclóricas que emanan directamente del pueblo y arraigadas en tradiciones, valores y creencias transmitidas de generación en generación. Hablamos de la fértil cultura popular, que supone una alternativa a lo elitista y excluyente, así como a la cultura de masas, creada por la industria cultural y dirigida al gran público, utilizando el mercadeo y la publicidad para su promoción y maximizar su rentabilidad.

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

“Conspiración de silencio”, la obra maestra de John Sturges

A mi padre le gustaba mucho el cine. Esa fue una pasión que heredé de él, amén de un modesto piso de 90 metros cuadrados (por fortuna entonces ya del todo pagado), una dudosamente útil carrera universitaria de Letras, y algunos ahorrillos depositados en una cuenta corriente del ya desaparecido Banco Hispanoamericano. Me inoculó el gusanillo por meterme -solo o en compañía de otros, y a ser posible de otras…- en una sala completamente a oscuras, y sentarme para ver y escuchar historias ajenas, con preferencia fantásticas y exóticas, que hicieran viajar mi mente durante un buen rato y excitasen mi imaginación, ya de por sí bastante calenturienta...

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Un verano de cine: regreso a Sad Hill, cuando el mito sacraliza el territorio

Esta crónica personal comienza en realidad en la edición de 2025 del festival Luna de Cortos que se celebra en Riego de la Vega (León). Su director, Balbino Ferrero, me había invitado a participar como miembro del Jurado. En la gala de entrega de premios me pidió que entregara el premio honorifico por toda su carrera a Luis Fernández de Eribe, un actor que tiene, entre muchos de sus méritos, que la primera película en la que participó fuera precisamente El bueno el feo y el malo. Cuando me lo pidió Balbino me pareció muy emocionante. Esa película mítica forma parte de mi vida desde los tiempos en que mi padre me llevó a verla algún domingo por la tarde de aquellos años 70 en el Gran Cine Imperial de Benavides de Órbigo. Seguramente, el proyectista de aquella ocasión pudo haber sido Trebolín, uno de los personajes extraordinarios que han ido adquiriendo justa notoriedad en el contexto de este Festival de Luna de Cortos, porque gracias a él se ha dado a conocer la extraordinaria labor que Trebolín ha ido haciendo a lo largo de las últimas décadas, recogiendo y restaurando cientos de máquinas de proyección cinematográfica, muestra de una pasión de película por el cine. Pero de ellos hablaremos en detalle en otro artículo también para XLI.

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Las matemáticas tras la Cortina rasgada de Alfred Hitchcock

En 1945 comenzó a emplearse el término Telón de Acero (Iron Curtain) para definir la línea que partiría Europa en dos bloques tras la Segunda Guerra Mundial: el bloque occidental bajo la influencia estadounidense y el oriental bajo la soviética. Esta expresión se atribuye con frecuencia al primer ministro británico Winston Churchill. Sin embargo, la utilizó primero el ministro de Información y Propaganda del Tercer Reich en un artículo en el semanario Das Reich en febrero de 1945. En concreto, Joseph Goebbels reacciona ante la Conferencia de Yalta y sostiene que en caso de que se produjera una rendición alemana, sobre el territorio controlado por la Unión Soviética “se abatiría de inmediato un telón de acero tras el cual daría comienzo la matanza en masa de los pueblos”.

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Entrevista a Manuel Lázaro Meana, director del Hotel Asturias de Gijón en la época de la película Volver a empezar

Manuel Lázaro Meana (director del Hotel Asturias en la época de la película Volver a empezar, de José Luis Garci) nos recibió al pie de la recepción, lleva una papelín donde ha anotado lo que no quiere que se quede sin contar, saluda con firmeza y ofrece un sitio en la cafetería donde una tertulia de sobremesa da vida al lugar con mejores vistas de Gijón. Llegado el momento será nuestro guía entre almacenes, rincones, muebles de aire clásico y pasillos de corte moderno. No se concibe escribir, hablar o revisitar Volver a empezar sin el Hotel Asturias, el lugar desde el que palpita la historia que Garci nos quiso contar y tantas otras más, las de quienes se casaron en él, las de quienes iban al colegio frente a sus ventanas, las de quienes lo visitan y las de quienes lo siguen descubriendo y disfrutando. Pero cada recodo del Asturias nos lleva a la película: ahí está la centralita, allá la recepción, aquí la escalera. Todo se mantiene cuidado, que no estancado. El Hotel está vivo y sigue mirando a la Plaza Mayor y a la mar. Y que no se dejen de mirar.

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

La seducción del horror: sobre la película Drácula (1931), de Tod Browning 

La escritora estadounidense Emily Colemam le dijo a su amiga Djuna Barnes, también escritora estadounidense: “Tú haces hermoso el horror, ese es tu mayor don”. No solo Djuna Barnes tuvo el don de hacer hermoso el horror. El horror se hace hermoso en la canción “Dance Me to the End of Love”, de Leonard Cohen, que recuerda cómo iban a los hornos crematorios los judíos en los campos de concentración, envueltos por música de violines; se hace hermoso en la canción “Me gusta como hueles”, de Jorge Martínez, para Ilegales, que cuenta más muerte advertida y enajenada y joven. Estas canciones son un ejemplo excelente de relatos breves bellísimos que cuentan el horror en estado puro.

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí
Cine

La odisea de ser Odiseo en 2026

Un par de días después de ver Odisea (Christopher Nolan, 2026), terminé leyendo por azar una reseña de la película en The New Yorker. El texto bajo el titular captó mi atención y, desde entonces, rondó mis pensamientos de manera intermitente. Este decía: «The director’s Homer adaptation presents a modern, relatable Odysseus, rather than trying to understand the ancient world on its own terms», es decir, «la adaptación del director de Homero presenta un Odiseo moderno y con el que el público puede identificarse, en lugar de intentar comprender el mundo antiguo en sus propios términos». Ello me llevaba a plantearme: ¿es el Odiseo de Nolan más moderno y cercano a nosotros? ¿Acaso tratar de comprender el mundo antiguo desde su perspectiva puede bloquear nuestra capacidad para empatizar con el protagonista de la historia?

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

De Bran a Bram

Bram Stoker, el autor de Drácula, no visitó nunca Transilvania, así que sus descripciones de paisajes, localizaciones geográficas y costumbres locales proceden de mapas y libros de la época. A diferencia de Stoker, los lectores de su novela y los incondicionales de la maravillosa película Drácula (1931) dirigida por Tod Browning, basada en una de las adaptaciones teatrales de la novela (la de Hamilton Deane y John Balderston) y protagonizada por Bela Lugosi (que es a Drácula lo que Sean Connery es a James Bond), podemos visitar Transilvania para buscar las huellas del Conde Drácula o, sin más, para hacer turismo por pueblos, ciudades y montañas fascinantes. Reconozco que el objetivo central de este viaje por Transilvania que le propongo es el castillo de Bran, el llamado “castillo de Drácula”, pero el mito de Drácula (pasado por el cine) no debe ocultar el hecho de que Transilvania es mucho más que Drácula y los vampiros, del mismo modo que Ítaca quizás es algo más (dicho con todos los respetos y precauciones) que la isla de Odiseo...

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Más allá de los blockbusters

Desde su nacimiento en 1999, el ciclo “Peor... ¡Imposible!”  asienta su trayectoria en una base multidisciplinar y un rendido afecto al cine. Durante estos 27 años ha venido ofreciendo al público alguna de sus obras más curiosas, que han sido erosionadas por el efecto del paso del tiempo y donde destacan sus elementos, vistos ahora, absurdos y extraños. Aunque lo cierto es que esas obras son poseedoras de un conjunto de manifestaciones artísticas y folclóricas que emanan directamente del pueblo y arraigadas en tradiciones, valores y creencias transmitidas de generación en generación. Hablamos de la fértil cultura popular, que supone una alternativa a lo elitista y excluyente, así como a la cultura de masas, creada por la industria cultural y dirigida al gran público, utilizando el mercadeo y la publicidad para su promoción y maximizar su rentabilidad.

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

“Conspiración de silencio”, la obra maestra de John Sturges

A mi padre le gustaba mucho el cine. Esa fue una pasión que heredé de él, amén de un modesto piso de 90 metros cuadrados (por fortuna entonces ya del todo pagado), una dudosamente útil carrera universitaria de Letras, y algunos ahorrillos depositados en una cuenta corriente del ya desaparecido Banco Hispanoamericano. Me inoculó el gusanillo por meterme -solo o en compañía de otros, y a ser posible de otras…- en una sala completamente a oscuras, y sentarme para ver y escuchar historias ajenas, con preferencia fantásticas y exóticas, que hicieran viajar mi mente durante un buen rato y excitasen mi imaginación, ya de por sí bastante calenturienta...

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Un verano de cine: regreso a Sad Hill, cuando el mito sacraliza el territorio

Esta crónica personal comienza en realidad en la edición de 2025 del festival Luna de Cortos que se celebra en Riego de la Vega (León). Su director, Balbino Ferrero, me había invitado a participar como miembro del Jurado. En la gala de entrega de premios me pidió que entregara el premio honorifico por toda su carrera a Luis Fernández de Eribe, un actor que tiene, entre muchos de sus méritos, que la primera película en la que participó fuera precisamente El bueno el feo y el malo. Cuando me lo pidió Balbino me pareció muy emocionante. Esa película mítica forma parte de mi vida desde los tiempos en que mi padre me llevó a verla algún domingo por la tarde de aquellos años 70 en el Gran Cine Imperial de Benavides de Órbigo. Seguramente, el proyectista de aquella ocasión pudo haber sido Trebolín, uno de los personajes extraordinarios que han ido adquiriendo justa notoriedad en el contexto de este Festival de Luna de Cortos, porque gracias a él se ha dado a conocer la extraordinaria labor que Trebolín ha ido haciendo a lo largo de las últimas décadas, recogiendo y restaurando cientos de máquinas de proyección cinematográfica, muestra de una pasión de película por el cine. Pero de ellos hablaremos en detalle en otro artículo también para XLI.

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Las matemáticas tras la Cortina rasgada de Alfred Hitchcock

En 1945 comenzó a emplearse el término Telón de Acero (Iron Curtain) para definir la línea que partiría Europa en dos bloques tras la Segunda Guerra Mundial: el bloque occidental bajo la influencia estadounidense y el oriental bajo la soviética. Esta expresión se atribuye con frecuencia al primer ministro británico Winston Churchill. Sin embargo, la utilizó primero el ministro de Información y Propaganda del Tercer Reich en un artículo en el semanario Das Reich en febrero de 1945. En concreto, Joseph Goebbels reacciona ante la Conferencia de Yalta y sostiene que en caso de que se produjera una rendición alemana, sobre el territorio controlado por la Unión Soviética “se abatiría de inmediato un telón de acero tras el cual daría comienzo la matanza en masa de los pueblos”.

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Entrevista a Manuel Lázaro Meana, director del Hotel Asturias de Gijón en la época de la película Volver a empezar

Manuel Lázaro Meana (director del Hotel Asturias en la época de la película Volver a empezar, de José Luis Garci) nos recibió al pie de la recepción, lleva una papelín donde ha anotado lo que no quiere que se quede sin contar, saluda con firmeza y ofrece un sitio en la cafetería donde una tertulia de sobremesa da vida al lugar con mejores vistas de Gijón. Llegado el momento será nuestro guía entre almacenes, rincones, muebles de aire clásico y pasillos de corte moderno. No se concibe escribir, hablar o revisitar Volver a empezar sin el Hotel Asturias, el lugar desde el que palpita la historia que Garci nos quiso contar y tantas otras más, las de quienes se casaron en él, las de quienes iban al colegio frente a sus ventanas, las de quienes lo visitan y las de quienes lo siguen descubriendo y disfrutando. Pero cada recodo del Asturias nos lleva a la película: ahí está la centralita, allá la recepción, aquí la escalera. Todo se mantiene cuidado, que no estancado. El Hotel está vivo y sigue mirando a la Plaza Mayor y a la mar. Y que no se dejen de mirar.

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

La seducción del horror: sobre la película Drácula (1931), de Tod Browning 

La escritora estadounidense Emily Colemam le dijo a su amiga Djuna Barnes, también escritora estadounidense: “Tú haces hermoso el horror, ese es tu mayor don”. No solo Djuna Barnes tuvo el don de hacer hermoso el horror. El horror se hace hermoso en la canción “Dance Me to the End of Love”, de Leonard Cohen, que recuerda cómo iban a los hornos crematorios los judíos en los campos de concentración, envueltos por música de violines; se hace hermoso en la canción “Me gusta como hueles”, de Jorge Martínez, para Ilegales, que cuenta más muerte advertida y enajenada y joven. Estas canciones son un ejemplo excelente de relatos breves bellísimos que cuentan el horror en estado puro.

Suscripción requerida

Debes ser miembro para acceder a este contenido.

Ver niveles de suscripción

¿Ya eres miembro? Accede aquí

Temas

Mi cuenta

Bienvenido,

  • Nombre de usuario:
  • Correo electrónico:

Mis suscripciones

No tienes una suscripción activa. Elige tu suscripción