¿Qué hace un filósofo como Aristóteles en una abadía donde los monjes mueren envenenados?

Estamos en el año del Señor de 1327 y a Umberto Eco le apetece envenenar a un monje. Pero vamos a dejar algo bien claro antes de empezar: una cosa es El nombre de la rosa, la novela de Eco, y otra El nombre de la rosa (1986), la película de Jean-Jacques Annaud. La película de Annaud (director también de la maravillosa aventura prehistórica En busca del fuego, 1981) se presenta como un “palimpsesto” sobre El nombre de la rosa. Es decir que, en este caso, una rosa no es una rosa: son dos.

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Los espías (sin pajarita) que surgieron de la Antigüedad

Hay tipos como un servidor que creían que los servicios secretos, los espías y todo ese misterioso mundo de gabardinas y microfilms era una cosa de la guerra fría, de las novelas de John Le Carré y de las aventuras de Bond, James Bond. El espía que surgió del frío, Agente 007 contra Dr. No… Cary Grant metiéndose en líos de espionaje en Con la muerte en los talones (Alfred Hitchcock, 1959), Richard Burton volviendo locos a los nazis (y a los espectadores) en El desafío de las águilas (Brian G. Hutton, 1968), las escuchas de Gene Hackman en La conversación (Francis Ford Coppola, 1974), el fascinante espía nazi interpretado por Donald Sutherland en El ojo de la aguja (Richard Marquand, 1981)… Todo eso. Pero si leemos Servicios secretos de la Antigüedad, el ensayo coordinado por Fernando Bermejo-Rubio sobre los orígenes históricos del espionaje, el mundo de los espías y de los servicios de inteligencia se expande como un globo al alcance de un niño. No es solo que la búsqueda y acopio de información sea una actividad que vaya más allá de la guerra fría y de James Bond, sino que según Bermejo-Rubio son tareas elementales en los miembros de la especie humana. De James Bond a la especie humana. Vaya salto.

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La fragilidad del bien

La Ley de Godwin postula lo siguiente: “A medida que una discusión en línea se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación con Hitler o los nazis tiende a uno (100%)”. La falacia “Reductio ad Hitlerum” consiste en invalidar una idea solo porque Adolf Hitler y los nazis la defendían. En la mente nazi. 12 advertencias de la historia, del historiador británico Laurence Rees, no es uno de esos libros que demuestran que a medida que uno avanza en la búsqueda de novedades literarias en internet la posibilidad de que aparezca un libro sobre los nazis tiende a uno. El ensayo de Rees tampoco invalida lo que sucede en el mundo de hoy porque todo es abierta o sutilmente nazi (Trump, X, el fútbol, Putin, Israel, el feminismo, algunos taxistas, Arturo Pérez Reverte, la eutanasia, el ecologismo, los toros, las autopistas, los profesores que suspenden mucho, las vacunas, los Juegos Olímpicos, Pedro Sánchez…).

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Entrevista al escritor Pedro Olalla

Pedro Olalla González de la Vega (Oviedo, 1966) es escritor, helenista, profesor, traductor y cineasta. Su principal ocupación es la escritura creativa: ha publicado más de 30 obras originales en distintas lenguas, así como una larga serie de artículos periodísticos y más de doscientas traducciones de autores griegos y españoles, especializándose en literatura, arqueología, historia y humanidades. Paralelamente a la escritura, desarrolló durante veintitrés años labor docente como profesor de traducción, de español lengua extranjera, y de lengua y civilización griegas, en instituciones como el Instituto Cervantes de Atenas, el Parlamento Griego, la Universidad de Atenas (“Máster de Traducción y Traductología”), la Escuela Nacional de Administraciones Públicas de Grecia y la Fundación Nacional de Investigaciones de Grecia. En el ámbito periodístico, fue director del Boletín Cultural de la Embajada de España en Grecia y redactor jefe de la revista mensual bilingüe “El Sol de Atenas”, y, durante los últimos quince años, publica habitualmente artículos de opinión sobre la situación política y social de Grecia.

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Kaspar Hauser, la piedra de clave

[…] “uno podía haber creído estar obligado a elegir entre considerarlo un habitante de otro planeta trasladado a la tierra por medio de algún milagro o uno de aquellos hombres de Platón que, nacido y criado bajo tierra, solo a edad madura había subido al mundo superior y a la luz del sol”

Kaspar Hauser, Feuerbach

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Tras las huellas de María José Solano siguiendo los pasos de Patrick Leigh Fermor

Ojalá que usted no haya leído ningún libro de Patrick Leigh Fermor, y ojalá que esta reseña de Una aventura griega le empuje a hacerlo como el astuto viento del norte empujó a Vianne en la película Chocolat a abrir una chocolatería en Lansquenet-sous-Tannes. Me gustaría que usted no haya leído El tiempo de los regalos, Entre el bosque y el agua y El último tramo, la trilogía que recoge las andanzas (nunca mejor dicho) del jovencísimo Leigh Fermor desde Hoek Van Holland hasta Constantinopla, y me gustaría que esté deseando terminar de leer esta reseña para salir corriendo a encargarlos en la librería más cercana. Me haría tan, tan, tan feliz que este artículo le descubriera Mani: Viajes por el sur del Peloponeso y Roumeli: Viajes por el norte de Grecia, dos magníficos libros de viaje (y mucho más) por Grecia, que solo pensarlo hace que me vea a mí mismo como un tramoyista abriendo el telón en un teatro lleno de niños. A María José Solano, la autora de Una aventura griega, Patrick Leigh Fermor le resultaba un completo desconocido hasta que se cruzó en su camino la biografía de Fermor escrita por Artemis Cooper, y fue esa lectura la que empujó a Solano a dejarlo todo para seguir las huellas de aquel hombre fascinante. ¿Acaso aspiro con esta reseña a que usted lo deje todo para seguir las huellas de Patrick Leigh Fermor? No exactamente. A lo que aspiro es a que usted lo deje todo para seguir las huellas de María José Solano siguiendo los pasos de Patrick Leigh Fermor. Yo lo hice.

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Los andamios del Partenón y la estatua inexistente de Elgin

Bruce Springsteen me miró en un concierto, Woody Allen me firmó una vez un autógrafo y Mary Beard y yo nos dirigimos un kalimera (“buenos días”, en griego) cuando nos cruzamos en la visita que la maravillosa escritora, profesora y divulgadora británica hizo al Museo Villa Romana de Veranes en Gijón (sí, es verdad, tendría que haberla saludado en latín, pero…). Estoy muy orgulloso de mi currículum. Creo que he leído todos los libros de Mary Beard que han sido traducidos al español, he visto los estupendos documentales en los que ha participado e incluso tuve la suerte de escucharla en directo cuando estuvo en Oviedo recogiendo el Premio Príncipe de Asturias...

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Mis queridas Cariátides

Esther Castro. En la Acrópolis de Atenas hay seis esculturas con forma de mujer que sujetan el techo de un pórtico en un templo peculiar. El templo es el Erecteion. Al estudiar Arte griego, en la Complutense allá por los 80 con mi profesor Blanco Freijeiro, aprendí que el Erecteion (Ἐρέχθειον Eréjzeion) es un templo en el lado norte de la Acrópolis de Atenas, atribuido a los arquitectos Mnesicles y Filocles. Su nombre significa "templo de Erecteo” y es uno de los más bellos edificios griegos. Está construido con blanquísimo mármol pentélico, antiguamente coloreado en parte, y se levantó entre el año 421 a. C. y 406 a. C. De planta irregular, consta de tres cuerpos. Uno de ellos es el famoso pórtico, que parece que indicaba la tumba del mítico rey Cécrope, también llamado Erecteo. Las seis muchachas están de pie colocadas en forma de pi (Π, como dirían los griegos) o en forma de U como decimos en español. Miden 2,3 metros de altura y cumplen la función de columna con un cesto en la cabeza que hace de capitel. Dicen que el escultor Alcámenes pudo ser su creador.       

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¿Cuánto tiempo llevas remando, XLI?

Enrique Á. Mastache. Ben-Hur (1959), la película de William Wyler, es un pretexto. Y es que de algún modo sugerente se tenía que presentar la vida, pasión y muerte de Cristo, y se tomó como excusa esta estupenda película de romanos…

Entrevista a la egiptóloga Gudelia García Fernández

Gudelia García Fernández es egiptóloga y profesora en la Universidad de Kagawa (Japón). Se licenció en la Universidad de Oviedo y obtuvo el doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid. Ha participado en excavaciones arqueológicas como miembro del Proyecto Djehuty, en Luxor. Su investigación se centra en la religión y la política del Egipto antiguo, con especial interés en el dios luna Iah. Combina la docencia universitaria con el trabajo de campo y la publicación de estudios científicos.

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¿Qué hace un filósofo como Aristóteles en una abadía donde los monjes mueren envenenados?

Estamos en el año del Señor de 1327 y a Umberto Eco le apetece envenenar a un monje. Pero vamos a dejar algo bien claro antes de empezar: una cosa es El nombre de la rosa, la novela de Eco, y otra El nombre de la rosa (1986), la película de Jean-Jacques Annaud. La película de Annaud (director también de la maravillosa aventura prehistórica En busca del fuego, 1981) se presenta como un “palimpsesto” sobre El nombre de la rosa. Es decir que, en este caso, una rosa no es una rosa: son dos.

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Los espías (sin pajarita) que surgieron de la Antigüedad

Hay tipos como un servidor que creían que los servicios secretos, los espías y todo ese misterioso mundo de gabardinas y microfilms era una cosa de la guerra fría, de las novelas de John Le Carré y de las aventuras de Bond, James Bond. El espía que surgió del frío, Agente 007 contra Dr. No… Cary Grant metiéndose en líos de espionaje en Con la muerte en los talones (Alfred Hitchcock, 1959), Richard Burton volviendo locos a los nazis (y a los espectadores) en El desafío de las águilas (Brian G. Hutton, 1968), las escuchas de Gene Hackman en La conversación (Francis Ford Coppola, 1974), el fascinante espía nazi interpretado por Donald Sutherland en El ojo de la aguja (Richard Marquand, 1981)… Todo eso. Pero si leemos Servicios secretos de la Antigüedad, el ensayo coordinado por Fernando Bermejo-Rubio sobre los orígenes históricos del espionaje, el mundo de los espías y de los servicios de inteligencia se expande como un globo al alcance de un niño. No es solo que la búsqueda y acopio de información sea una actividad que vaya más allá de la guerra fría y de James Bond, sino que según Bermejo-Rubio son tareas elementales en los miembros de la especie humana. De James Bond a la especie humana. Vaya salto.

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La Ley de Godwin postula lo siguiente: “A medida que una discusión en línea se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación con Hitler o los nazis tiende a uno (100%)”. La falacia “Reductio ad Hitlerum” consiste en invalidar una idea solo porque Adolf Hitler y los nazis la defendían. En la mente nazi. 12 advertencias de la historia, del historiador británico Laurence Rees, no es uno de esos libros que demuestran que a medida que uno avanza en la búsqueda de novedades literarias en internet la posibilidad de que aparezca un libro sobre los nazis tiende a uno. El ensayo de Rees tampoco invalida lo que sucede en el mundo de hoy porque todo es abierta o sutilmente nazi (Trump, X, el fútbol, Putin, Israel, el feminismo, algunos taxistas, Arturo Pérez Reverte, la eutanasia, el ecologismo, los toros, las autopistas, los profesores que suspenden mucho, las vacunas, los Juegos Olímpicos, Pedro Sánchez…).

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Entrevista al escritor Pedro Olalla

Pedro Olalla González de la Vega (Oviedo, 1966) es escritor, helenista, profesor, traductor y cineasta. Su principal ocupación es la escritura creativa: ha publicado más de 30 obras originales en distintas lenguas, así como una larga serie de artículos periodísticos y más de doscientas traducciones de autores griegos y españoles, especializándose en literatura, arqueología, historia y humanidades. Paralelamente a la escritura, desarrolló durante veintitrés años labor docente como profesor de traducción, de español lengua extranjera, y de lengua y civilización griegas, en instituciones como el Instituto Cervantes de Atenas, el Parlamento Griego, la Universidad de Atenas (“Máster de Traducción y Traductología”), la Escuela Nacional de Administraciones Públicas de Grecia y la Fundación Nacional de Investigaciones de Grecia. En el ámbito periodístico, fue director del Boletín Cultural de la Embajada de España en Grecia y redactor jefe de la revista mensual bilingüe “El Sol de Atenas”, y, durante los últimos quince años, publica habitualmente artículos de opinión sobre la situación política y social de Grecia.

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Kaspar Hauser, la piedra de clave

[…] “uno podía haber creído estar obligado a elegir entre considerarlo un habitante de otro planeta trasladado a la tierra por medio de algún milagro o uno de aquellos hombres de Platón que, nacido y criado bajo tierra, solo a edad madura había subido al mundo superior y a la luz del sol”

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Tras las huellas de María José Solano siguiendo los pasos de Patrick Leigh Fermor

Ojalá que usted no haya leído ningún libro de Patrick Leigh Fermor, y ojalá que esta reseña de Una aventura griega le empuje a hacerlo como el astuto viento del norte empujó a Vianne en la película Chocolat a abrir una chocolatería en Lansquenet-sous-Tannes. Me gustaría que usted no haya leído El tiempo de los regalos, Entre el bosque y el agua y El último tramo, la trilogía que recoge las andanzas (nunca mejor dicho) del jovencísimo Leigh Fermor desde Hoek Van Holland hasta Constantinopla, y me gustaría que esté deseando terminar de leer esta reseña para salir corriendo a encargarlos en la librería más cercana. Me haría tan, tan, tan feliz que este artículo le descubriera Mani: Viajes por el sur del Peloponeso y Roumeli: Viajes por el norte de Grecia, dos magníficos libros de viaje (y mucho más) por Grecia, que solo pensarlo hace que me vea a mí mismo como un tramoyista abriendo el telón en un teatro lleno de niños. A María José Solano, la autora de Una aventura griega, Patrick Leigh Fermor le resultaba un completo desconocido hasta que se cruzó en su camino la biografía de Fermor escrita por Artemis Cooper, y fue esa lectura la que empujó a Solano a dejarlo todo para seguir las huellas de aquel hombre fascinante. ¿Acaso aspiro con esta reseña a que usted lo deje todo para seguir las huellas de Patrick Leigh Fermor? No exactamente. A lo que aspiro es a que usted lo deje todo para seguir las huellas de María José Solano siguiendo los pasos de Patrick Leigh Fermor. Yo lo hice.

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Bruce Springsteen me miró en un concierto, Woody Allen me firmó una vez un autógrafo y Mary Beard y yo nos dirigimos un kalimera (“buenos días”, en griego) cuando nos cruzamos en la visita que la maravillosa escritora, profesora y divulgadora británica hizo al Museo Villa Romana de Veranes en Gijón (sí, es verdad, tendría que haberla saludado en latín, pero…). Estoy muy orgulloso de mi currículum. Creo que he leído todos los libros de Mary Beard que han sido traducidos al español, he visto los estupendos documentales en los que ha participado e incluso tuve la suerte de escucharla en directo cuando estuvo en Oviedo recogiendo el Premio Príncipe de Asturias...

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Esther Castro. En la Acrópolis de Atenas hay seis esculturas con forma de mujer que sujetan el techo de un pórtico en un templo peculiar. El templo es el Erecteion. Al estudiar Arte griego, en la Complutense allá por los 80 con mi profesor Blanco Freijeiro, aprendí que el Erecteion (Ἐρέχθειον Eréjzeion) es un templo en el lado norte de la Acrópolis de Atenas, atribuido a los arquitectos Mnesicles y Filocles. Su nombre significa "templo de Erecteo” y es uno de los más bellos edificios griegos. Está construido con blanquísimo mármol pentélico, antiguamente coloreado en parte, y se levantó entre el año 421 a. C. y 406 a. C. De planta irregular, consta de tres cuerpos. Uno de ellos es el famoso pórtico, que parece que indicaba la tumba del mítico rey Cécrope, también llamado Erecteo. Las seis muchachas están de pie colocadas en forma de pi (Π, como dirían los griegos) o en forma de U como decimos en español. Miden 2,3 metros de altura y cumplen la función de columna con un cesto en la cabeza que hace de capitel. Dicen que el escultor Alcámenes pudo ser su creador.       

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Entrevista a la egiptóloga Gudelia García Fernández

Gudelia García Fernández es egiptóloga y profesora en la Universidad de Kagawa (Japón). Se licenció en la Universidad de Oviedo y obtuvo el doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid. Ha participado en excavaciones arqueológicas como miembro del Proyecto Djehuty, en Luxor. Su investigación se centra en la religión y la política del Egipto antiguo, con especial interés en el dios luna Iah. Combina la docencia universitaria con el trabajo de campo y la publicación de estudios científicos.

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