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¿De quién es El amor brujo?

Esta historia mía comienza en una escuela de danza en la Corredoria, un conocido barrio de Oviedo. A sus salas acuden personas para iniciar o perfeccionar distintas disciplinas de baile. En la entrada, Luis Martínez recibe amablemente a quienes llegamos, con ganas e ilusión, buscando el sabio magisterio de Antonio Perea, malagueño, su director y único profesor. Más de 100 alumnos -sobre todo alumnas, la verdad- poblamos esta academia en la que la danza española y el flamenco son sus señas de identidad, aunque no sólo. 

Antonio imparte sus clases con el arte del maestro que sabe enseñar, con naturalidad, paciencia, buen humor y sobre todo con la sabiduría que acarrea a sus espaldas y que se le sale en cada clase quiera él o no. Es bailarín, bailaor, coreógrafo, artista, y no se conforma. Siempre busca un más allá. Con el alumnado que tiene se las arregla para crear eventos que podrían ser festivales de fin de curso, pero él ahonda en lo que las personas pueden llevar dentro y las hace brillar. Prepara verdaderos montajes con una buena dosis de teatralidad atravesada por su increíble gracia e imaginación. Aprovecha las dotes especiales de todos para enriquecer ese espectáculo y rebusca en su larga experiencia como profesional del arte de la danza para generar coreografías y mezclarlas formando un todo con argumento común.

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XLI, revista cultural para galeotes. ISSN 3101-5077 /
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¿De quién es El amor brujo?

Esta historia mía comienza en una escuela de danza en la Corredoria, un conocido barrio de Oviedo. A sus salas acuden personas para iniciar o perfeccionar distintas disciplinas de baile. En la entrada, Luis Martínez recibe amablemente a quienes llegamos, con ganas e ilusión, buscando el sabio magisterio de Antonio Perea, malagueño, su director y único profesor. Más de 100 alumnos -sobre todo alumnas, la verdad- poblamos esta academia en la que la danza española y el flamenco son sus señas de identidad, aunque no sólo. 

Antonio imparte sus clases con el arte del maestro que sabe enseñar, con naturalidad, paciencia, buen humor y sobre todo con la sabiduría que acarrea a sus espaldas y que se le sale en cada clase quiera él o no. Es bailarín, bailaor, coreógrafo, artista, y no se conforma. Siempre busca un más allá. Con el alumnado que tiene se las arregla para crear eventos que podrían ser festivales de fin de curso, pero él ahonda en lo que las personas pueden llevar dentro y las hace brillar. Prepara verdaderos montajes con una buena dosis de teatralidad atravesada por su increíble gracia e imaginación. Aprovecha las dotes especiales de todos para enriquecer ese espectáculo y rebusca en su larga experiencia como profesional del arte de la danza para generar coreografías y mezclarlas formando un todo con argumento común.

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