Bram Stoker, el autor de Drácula, no visitó nunca Transilvania, así que sus descripciones de paisajes, localizaciones geográficas y costumbres locales proceden de mapas y libros de la época. A diferencia de Stoker, los lectores de su novela y los incondicionales de la maravillosa película Drácula (1931) dirigida por Tod Browning, basada en una de las adaptaciones teatrales de la novela (la de Hamilton Deane y John Balderston) y protagonizada por Bela Lugosi (que es a Drácula lo que Sean Connery es a James Bond), podemos visitar Transilvania para buscar las huellas del Conde Drácula o, sin más, para hacer turismo por pueblos, ciudades y montañas fascinantes. Reconozco que el objetivo central de este viaje por Transilvania que le propongo es el castillo de Bran, el llamado “castillo de Drácula”, pero el mito de Drácula (pasado por el cine) no debe ocultar el hecho de que Transilvania es mucho más que Drácula y los vampiros, del mismo modo que Ítaca quizás es algo más (dicho con todos los respetos y precauciones) que la isla de Odiseo...



































