
Cuando el mar no era azul
Un viaje sentimental por el color más elegante, enigmático y melancólico del espectro cromático
Daniel Entrialgo
391 páginas
Espasa. Barcelona, 2025
Como dice Daniel Entrialgo, el color azul es como un concierto de los Rolling Stones, los macarrones con tomate, la pintura impresionista, una canasta de Michael Jordan o una vieja película de Steven Spielberg: gusta a todo el mundo o, lo que es más importante, no disgusta a nadie. Al menos en occidente. No en las culturas orientales, ni en África, que prefiere los tonos terrosos y verdes, amarillos y rojos. Pero no siempre fue así. El color azul tiene, como todo, historia. Y su historia no es exactamente la historia de un éxito anunciado. Para empezar, el azul no es en absoluto el color más frecuente del planeta azul porque apenas hay especies vegetales o animales que sean azules de forma natural. Nuestra comida no es azul (¿no es cierto que la píldora azul que Morfeo ofrece a Neo en Matrix da un poco de… cosa?). Los pigmentos azulados de origen mineral con los que se pintaron grandes obras de arte del pasado eran tan escasos y complejos de elaborar que se consideraban un producto de lujo. ¿Qué ocurrió para que el azul se convirtiera en los macarrones con tomate de los colores?
El azul es un color semejante al del cielo sin nubes y el mar en un día soleado, dice el DRAE. Bien. Pero un griego de los tiempos de Homero no entendería nada de nada. Y este es el sorprendente eje fundamental sobre el que gira Cuando el mar no era azul. Para los personajes de la Ilíada, el mar no era azul, así que el azul no era el color del mar en un día soleado. El mar era oscuro, o color del vino, o púrpura, o incluso blanco. Y el cielo tampoco era azul, sino rosado, broncíneo o negro. El político y erudito británico William Ewart Gladstone (1809-1898) ya observó que el color aparece muy pocas veces en la Ilíada, pero nunca para adjetivar el cielo o el mar. Esta aguda observación de Gladstone no está a la altura de su explicación (los antiguos griegos podrían haber sufrido un mal innato que les impedía percibir el color azul), pero la pregunta se mantiene en pie: ¿por qué Homero no habría entendido la definición del color azul que ofrece la Real Academia Española?
azul
Quizá alterac. del ár. hisp. lazawárd, este del ár. lāzaward, este del persa laǧvard o lažvard, y este del sánscr. rājāvarta ‘rizo del rey’.
- adj. Dicho de un color: Semejante al del cielo sin nubes y el mar en un día soleado, y que ocupa el quinto lugar en el espectro luminoso. U. t. c. s. m.
Quizás, sugiere Entrialgo, el concepto de lo “azul” sea una construcción cultural en progreso que fue evolucionando con el tiempo, del mismo modo que la superficie del retrato “El caballero de la mano en el pecho” de El Greco se fue oscureciendo a través de los siglos, con capas que modificaban el modo en que los espectadores lo contemplaban y comprendían. El color, decía el neurólogo británico Oliver Sacks, no es algo dado, sino que se percibe en virtud de unos procesos mentales extraordinariamente complejos. Si usted piensa en el mar Egeo… ¿en qué color piensa? En el azul. Pero entre todos los epítetos que Homero eligió para describir las aguas del Egeo, desde negro púrpura a del color del vino, no hay uno solo que evoque nuestra idea contemporánea del azul. Y es que para los griegos, el azul estaba tan limítrofe con el negro que era considerado como una variante algo menos densa o pigmentada del negro, es decir, para Homero el azul no es más que oscuridad con un poco de luz. Por decirlo de otra manera, el mar Egeo que aparece en la Ilíada coincide geográficamente con el que podemos contemplar en los folletos turísticos o la película Mamma mia!, pero no tiene el mismo color.
El azul es un color que asociamos a las vacaciones, la playa, el entorno marino… y Grecia. El azul del Egeo y de la bandera griega. Pero ese azul veraniego tan griego es relativamente reciente. En los mapas y cartas portulanas (mapas de navegación marítimas) de la antigüedad, los cartógrafos solían pintar los mares, océanos, ríos y lagos con un tono verdoso, de modo que hasta el siglo XIV no hay costumbre de utilizar el color azul para diferenciar los contornos de mar de los del litoral terrestre. Volviendo a Homero, el aedo se refiere al Egeo en varias ocasiones con la preciosa expresión “ponto vinoso”. “Ponto” es un símil arcaico que equivale a “mar”. Y “vinoso”… se refiere al vino, claro. ¿El mar puede ser del color del vino? Homero no califica como “rojo” en ninguno de sus versos al vino… ¿De qué color era el vino tinto para un griego, entonces? Oscuro, muy oscuro, cuando no directamente negro. Como concluye Entrialgo, el color no se ha percibido siempre del mismo modo porque cada época y sociedad lo ha concebido en función de su entorno cultural, su historia, su tradición, su clima… Homero dice que cuando los troyanos divisaban al colérico Aquiles y sus tremendos mirmidones, sentían “pánico verde”, y huían “verdecidos de miedo”. Nosotros nos ponemos “verdes de envidia”, pero los antiguos griegos consideraban que el miedo “enverdecía” a la gente.

Cuando el mar no era azul habla del mar… y de muchísimas más cosas, de forma que el lector termina tan azul como el gato triste y azul de Roberto Carlos. El azul de la Puerta de Ishtar, una de las ocho entradas de acceso de la antigua muralla interior de Babilonia; el busto de Nefertiti coronado de fastuoso “azul egipcio” (tintura azul artificial que no fue resultado del azar ni producto feliz de una combinación aleatoria de materiales, sino producto de una elaboración precisa que exigía gran destreza técnica); la Dama de Elche, el busto íbero tallado en piedra que originalmente estuvo policromado y en el que se han encontrado, precisamente, trazas de este carísimo “azul egipcio”; los guerreros de terracota de Xi´an y el “azul Han chino”, el azul sintético que los chinos lograron elaborar; el “azul maya” que los mayas utilizaron para decorar los templos y para recubrir con esa pintura turquesa a las víctimas de sus sacrificios humanos (como vemos en la película Apocalypto, de Mel Gibson) ofrecidos como tributo al dios Chaac, benefactor del agua y las lluvias; los pictos pintados de azul que hicieron la vida imposible a los romanos, y el anacrónico rostro de Mel Gibson pintado de azul interpretando a William Wallace en Braveheart (siglo XIII, pero los pictos son mil trescientos años anteriores)…
La historia del color azul nos deja azules de asombro, si se puede decir así. El joven Werther de Goethe se suicidó vestido con su romántico frac azul, y el traje azul marino de nuestros ejecutivos, abogados y políticos procede de esta moda romántica y de la enorme influencia del dandi británico Beau Brummel. El “azul prusiano” de los soldados de Federico Guillermo II de Prusia, que decidió que era el color más elegante y marcial para su ejército. Los preciosos frescos de la capilla de los Scrovegni, en Padua, pintados por Giotto (siglo XIV), la mayor concentración de azul del arte occidental. El color azul que a partir del siglo XII cubrirá a la Virgen María en la iconografía católica. Cómo el artista francés del nuevo realismo Ives Klein patentó su azul, y lo inscribió como marca registrada IKB (International Klein Blue), un azul que, parece ser, transmite lejanía, nostalgia, inmensidad, melancolía, emoción y belleza (en España hay originales de Klein en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Museo Guggenheim, el Institut Valencià d´Art Modern y el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza). El “azul alienígena” de la cantante Diva Plavalaguna en El quinto elemento (Luc Besson, 1997) o los Na´vi de Avatar (James Cameron, 2009). Los pitufos. El blues. La época azul de Picasso. Y muchas preguntas (con respuesta). ¿Por qué nos atraen los ojos azules? ¿Por qué viste de azul la squadra azzurra, la selección italiana de fútbol? ¿Alguna vez la selección española vistió de azul? ¿Por qué el azul se convirtió en el “color corporativo” de los partidos conservadores y de derechas europeos? ¿Por qué las grandes organizaciones supranacionales (UE, ONU, UNESCO, OTAN, UNICEF, OMS) utilizan el azul en sus banderas, enseñas o logotipos? ¿Por qué los pantalones vaqueros son de color azul?
Cuando el mar no era azul contesta (aunque no directamente) a la pregunta acerca del color azul del gato triste de la canción de Roberto Carlos pero, por desgracia, no permite aclarar por qué demonios Hades tiene el pelo azul en Hércules, la película animada de Disney. Eso sí, después de leer el ensayo de Daniel Entrialgo el mar Egeo nunca volverá a ser el mismo. Ni la definición de “azul” de la Real Academia Española.

































