Existen varias maneras de viajar, por ocio o por trabajo, en verano o en invierno, solo o acompañado, con un itinerario perfectamente planeado o decidiendo sobre la marcha… La forma de conocer los lugares cambia mucho en función de si eligen una u otra modalidad. Pongamos Valencia como destino hipotético, si vienen al congreso de medicina interna y anestesiología disfrutarán del auditorio principal del Palacio de les Arts, mientras que si vienen a una despedida de soltero posiblemente recorran las cuadriculadas calles de Ruzafa con sus cientos de bares. Si vienen en familia no sería de extrañar verlos cruzando el túnel de los tiburones en el Oceanogràfic o tomando una horchata con fartons en Santa Catalina, pero si por el contrario han venido a la capital del Turia sin compañía es más probable que pasen la mañana paseando por el barrio del Carmen, tomen un café en alguna de sus terrazas o visiten la preciosa iglesia de San Nicolás. Sin embargo, hay otra forma de conocer Valencia, menos típica que las anteriores pero que yo personalmente recomiendo, y es venir a vivir a Valencia. Así la conocí yo hace más de cuatro años. Son todo ventajas, miren.

































