¿Por qué, para hablar de Thelonious Monk, hablar de Kathleen Annie Pannonica Rothschild o de Pannonica de Koenigswarter? ¿Por qué hablar de Pannonica, a secas, que es la protagonista de la composición de Thelonious Monk del mismo nombre, y de tantas otras composiciones, con este nombre, o con el más corto y familiar de Nica, o con otros títulos, protagonista de al menos veinte temas de jazz? ¿Por qué hablar de la mujer perteneciente a una familia judía riquísima, poderosísima, una familia de financieros, salida del miserable gueto de Frankfurt, y que acabó pagando y, por lo tanto, decidiendo guerras; que financió el canal de Suez; que sostuvo Gobiernos en el Reino Unido y que se codeó en comidas, bailes y cacerías con la élite económica, política e intelectual mundial? ¿Por qué hablar de la mujer que, matrimonio y cambio de apellido mediante, se convirtió en baronesa? ¿Por qué hablar de la mujer que inspiró el personaje de la marquesa Tica, en el imprescindible cuento largo o novela corta de Julio Cortázar El perseguidor?