Impetuoso… ¡Homérico!

"Vamos a bailar. ¿Bailar? Ahí moriremos aplastados. ¿Qué mejor forma de morir?." Diálogo entre la taxista Hilde Esterhazy (Betty Garrett) y el marinero Chip (Frank Sinatra) en un atestado club de Nueva York en Un día en Nueva York (On the Town, 1949), de Stanley Donen y Gene Kelly con guion de Adolph Green y Betty Comden.

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Los andamios del Partenón y la estatua inexistente de Elgin

Bruce Springsteen me miró en un concierto, Woody Allen me firmó una vez un autógrafo y Mary Beard y yo nos dirigimos un kalimera (“buenos días”, en griego) cuando nos cruzamos en la visita que la maravillosa escritora, profesora y divulgadora británica hizo al Museo Villa Romana de Veranes en Gijón (sí, es verdad, tendría que haberla saludado en latín, pero…). Estoy muy orgulloso de mi currículum. Creo que he leído todos los libros de Mary Beard que han sido traducidos al español, he visto los estupendos documentales en los que ha participado e incluso tuve la suerte de escucharla en directo cuando estuvo en Oviedo recogiendo el Premio Príncipe de Asturias...

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Yo una vez fui Lisístrata

Andrea Carballo. Corría el año 2008. Apenas tenía 16 años y la vida me proponía un nuevo reto: hacer el bachillerato. Nuevo sitio, nueva etapa, nueva gente… En medio de aquel estreno vital empezaron a despertarse en mí sentimientos de rabia y de lucha, al calor de algo que alguien me contó que se llamaba conciencia de clase.

Inicié esa etapa con la cabeza rapada, unas botas y unos tirantes, y me fui a una optativa: Psicología. Un hombre alto, de pelo canoso, se encargaba de impartirla. Venía a clase con ilusión, nos enseñaba, pero, sobre todo, nos estimulaba. Sus clases nunca eran suficientes. Siempre queríamos más.

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De la imbecilidad moral

Silvia Cosío. ¡Y vaya si era una amenaza! Porque para Ellen Berent (Gene Tierney) y Russell Quinton (Vincent Price) el amor es amenazador, terrible, asfixiante, lleno de rencor y egoísmo. Como Catherine y Heathcliff en “Cumbres Borrascosas”, el amor saca lo peor de Ellen y Russell, destruyendo todo a su paso y, al igual que con Catherine y Heathcliff, a todo el mundo le hubiera ido mucho mejor si hubieran acabado juntos. En este caso no es difícil imaginar a Ellen y Russell como unos Underwood de los años cuarenta, pero Ellen se enamora de Richard Harland (Cornel Wilde) en un tren y se lía parda. Porque ella es bella y él idiota, la receta perfecta para el desastre: al fin y al cabo son  los ingredientes principales con los que se hornearon la mayoría de las películas de cine negro.

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Entrevista a Antonio Miguel Robles Blanco, fundador de la Cadena Clarín de cines

Los cinéfilos asturianos le debemos mucho a Miguel Robles (Gijón, 1940); y Miguel Robles, como empresario nuestro de cine que fue, nos debía una explicación, y esa explicación que nos debía nos la va a pagar porque Miguel Robles, como empresario de cine nuestro que fue… Bienvenido a XLI, míster Robles.

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Mis queridas Cariátides

Esther Castro. En la Acrópolis de Atenas hay seis esculturas con forma de mujer que sujetan el techo de un pórtico en un templo peculiar. El templo es el Erecteion. Al estudiar Arte griego, en la Complutense allá por los 80 con mi profesor Blanco Freijeiro, aprendí que el Erecteion (Ἐρέχθειον Eréjzeion) es un templo en el lado norte de la Acrópolis de Atenas, atribuido a los arquitectos Mnesicles y Filocles. Su nombre significa "templo de Erecteo” y es uno de los más bellos edificios griegos. Está construido con blanquísimo mármol pentélico, antiguamente coloreado en parte, y se levantó entre el año 421 a. C. y 406 a. C. De planta irregular, consta de tres cuerpos. Uno de ellos es el famoso pórtico, que parece que indicaba la tumba del mítico rey Cécrope, también llamado Erecteo. Las seis muchachas están de pie colocadas en forma de pi (Π, como dirían los griegos) o en forma de U como decimos en español. Miden 2,3 metros de altura y cumplen la función de columna con un cesto en la cabeza que hace de capitel. Dicen que el escultor Alcámenes pudo ser su creador.       

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¿Cuánto tiempo llevas remando, XLI?

Enrique Á. Mastache.
Ben-Hur (1959), la película de William Wyler, es un pretexto. Y es que de algún modo sugerente se tenía que presentar la vida, pasión y muerte de Cristo, y se tomó como excusa esta estupenda película de romanos basada en la novela de Lewis Wallace (1827-1905), un general norteamericano de creencias religiosas conservadoras que participó en la guerra de Secesión, fue gobernador del estado de Nuevo México y embajador en Turquía que lleva como subtítulo (la novela, no el general) Una historia de los tiempos de Cristo y que en su día contó con el apoyo del Papa, a quien gustó la novela y recomendó su lectura. Aquí utilizaremos esta película sobre el origen del cristianismo como pretexto para hablar de los romanos y, también, de Cristo.

Andrógino

Claudia Mori Díez.
Una interpretación del mito de los hombres dobles que aparece en El Banquete de Platón

En El Banquete de Platón, aparece la siguiente descripción de los andróginos:
un hombre y una mujer, unidos por el pecho y el vientre, con cuatro piernas, cuatro brazos y una cabeza con dos semblantes

Santiago Alaiz, legionario romano y hoplita macedonio

Durante el verano más cálido que se recuerda y en una de esas largas sobre-siestas interminables de las canículas de agosto en Castilla, por eso de matar el tiempo y el tedio, me puse a revisar antiguos álbumes de fotos familiares. Entre páginas abigarradas de momentos de la familia, me encuentro con una pequeña foto con siete jóvenes vestidos de romanos en una plaza de toros.