XLI - I

Una razón para creer

Jorge Alonso.
Es difícil imaginar al tipo de sensibilidad explosiva que en 1979 ponía en órbita al público del Madison Square Garden de Nueva York los días 21 y 22 de septiembre en los No Nukes, dos conciertos contra la proliferación de armas nucleares que Jackson Brown organizó y que El Jefe y su E Street Band hicieron legendarios, inolvidables, imprescindibles. Es difícil, decíamos, imaginarlo escribiendo apenas tres años después de aquel despliegue una canción como “Nebraska”, un disco como Nebraska, un estado de ánimo como el del Nebraska.

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“Los Soprano” y “Roma”: Marco Antonio en la consulta del psiquiatra

Juan J. Alonso.
Con el debido respeto, estamos aquí para comparar al Marco Antonio (James Purefoy) de la serie “Roma” con el Tony Soprano (James Gandolfini) de la serie “Los Soprano”, así que viajaremos desde la Roma del siglo I a. C. hasta la Nueva Jersey de principios del siglo XXI. Con el debido respeto, que es como los subordinados de Tony se dirigen siempre a su capo. No me gustaría que esta noche unos tipos me rompieran las piernas en un callejón. En realidad, este artículo podría ocupar un par de líneas recomendando ver una escena del capítulo IV de la Segunda temporada de “Los Soprano”, en la que Tony está en Nápoles vendiendo a la mafia coches robados en Estados Unidos. En un sueño, Tony es un romano haciendo el amor con una romana. Puede que no sea Tony Soprano ni Marco Antonio, sino Marco Tony. También podríamos recordar que a Tony Soprano, además de ver constantemente El padrino II (Francis Ford Coppola, 1974) en la tele, le gusta el Canal Historia, así que perfectamente podemos imaginar a Tony disfrutando con la segunda temporada de “Roma”. Pero no. Habrá que decir algo más y justificar la publicación de este artículo porque, como dice Tony: Si no puedes justificar ingresos legítimos, eres vulnerable a los federales.

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¿Quién está dispuesto a comprar un debate sobre el tiempo?

Antonio Rico.
El 31 de diciembre de 1899, George Wells (Rod Taylor) invita a sus amigos para mostrarles su último invento, en el que lleva trabajando dos años. “Tiene que ver con el tiempo”, anuncia de forma misteriosa. El doctor Phillip Hillyer (Sebastian Cabot) está encantado: “Siempre he mantenido que lo que nuestra nación necesita es un reloj de precisión. La Marina lo necesita, el Ejército lo necesita y la artillería no digamos”. David Filby (Alan Young), que conoce bien a George, no cree que su amigo haya empleado su tiempo construyendo un nuevo tipo de reloj.

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Sócrates y la cola del pan

Antonio Rico.
El título del libro de Robin Waterfield es “La muerte de Sócrates” pero, en realidad, el helenista británico quiere hablarnos de la vida de Sócrates y, por tanto, de Atenas. De la sociedad ateniense, de la democracia radical ateniense, de los ciudadanos de Atenas, de los 501 dicastas (jurados) varones de más de 30 años elegidos al azar que juzgaron a Sócrates. También de la Guerra del Peloponeso y sus consecuencias, del gobierno de los Treinta Tiranos, de Critias y de Trasíbulo, de la restauración democrática.

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Los lugares de la vida de Leonard Cohen

Belén Suárez Prieto.
Si queremos ir a los lugares de la vida de Leonard Cohen, hay que comenzar por viajar a Canadá, a la provincia francófona de Quebec, en una suerte de círculos insertos de minorías dentro de minorías… Quebec es de lengua francesa, en un Estado donde el inglés es la lengua mayoritaria. En Montreal, la ciudad más grande de la provincia, Leonard Cohen nació en el barrio acomodado de Westmount, habitado por familias de lengua inglesa y protestantes en su mayoría, en un entorno, además de fundamentalmente francoparlante, católico; en Westmount vivía, además, una pequeña comunidad judía, a la que Leonard Cohen, cuyo apellido (que significa ‘sacerdote’ en hebreo) lo evidencia, pertenecía. Pero si queremos, entonces, ir a los territorios de la vida de Leonard Cohen, debemos viajar de América a Europa, a la Lituania rusa, de donde eran originarias las familias de su padre y de su madre. Su padre ya canadiense de nacimiento y de varias generaciones; su madre, nacida lituana. Emigrantes en América por causa de las persecuciones contra los judíos tan comunes en distintos momentos de la historia de Europa, persecuciones que culminaron con el Holocausto

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Con gafas y sin Luna

Juan J. Alonso.
Todo funciona en Qué bello es vivir (It´s a Wonderful Life, 1946). Y eso que en la película de Frank Capra se mezcla una discusión en el cielo entre dos ángeles representados por estrellas centelleantes, un ángel de segunda clase que todavía no ha ganado sus alas al que le gusta el vino caliente, un capitalista en silla de ruedas que habría asustado hasta a Carlos Marx, una compañía de empréstitos con más corazón que cartera, una ciudad maravillosamente nevada (Bedford Falls) que puede ser también una ciudad terroríficamente nevada (Pottersville), una casa con goteras y corrientes de aire en la que todos querríamos vivir, un cuervo doméstico, un puente sobre aguas turbulentas, un taxista y un policía intercambiables, un baile que acaba en un baño multitudinario en una piscina, una flor con los pétalos rotos, una mujer que está a punto de pisar el lado salvaje de la vida, un diálogo maravilloso sobre la Luna, trineos no tan inquietantes como el “Rosebud” de Ciudadano Kane (Citizen Kane, Orson Welles, 1941), héroes de guerra que vuelven a casa por Navidad, sonrisas, muchas lágrimas y, sobre todo, Mary Hatch (Donna Reed) y George Bailey (James Stewart).

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El hombre sin nombre

Pablo Huerga Melcón.
En Benavides de Órbigo, mi pueblo, se conserva todavía el edificio del último de los muchos cines que en su tiempo hubo: el Gran Cine Imperial. Como una reliquia del pasado, se yergue en medio del pueblo; un templo olvidado que amenaza ruina, con algunos pintarrajos por las paredes y ventanas tapiadas. Todavía mantiene en lo alto el último de sus rótulos, muy sugerente, por cierto, con la silueta de un vaquero montado a caballo en el horizonte del gran valle. Iconografías de cine puro. Ahí se ha quedado, al lado de la carretera, como un pecio varado en la orilla, azotado por los vientos, mantenido por la estructura y la dignidad de lo que fue.

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Entrevista al actor Luis Fernández de Eribe

Más acá y más allá de la película El bueno, el feo y el malo.
Nos ha visitado en Oviedo Luis Fernández de Eribe (Bilbao, 1949). Actor español de cine, televisión y publicidad. Conocido por su extensa trayectoria como actor de reparto y en la industria audiovisual española, ha trabajado con Almodóvar, José Luis Garci y Álex de la Iglesia, entre otros muchos directores. Ingeniero químico de profesión, posee un máster en Dirección de Residencias Geriátricas, aunque ha desarrollado su carrera pública fundamentalmente en las artes escénicas. Su formación interpretativa incluye estudios con el director de escena Guillermo Heras, el teórico teatral Jorge Eines y formación en doblaje e interpretación audiovisual (1). XLI planteó una entrevista sobre su trayectoria profesional y su experiencia y recuerdos en el clásico El bueno, el feo y el malo, de Sergio Leone.

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La esvástica en la taquilla

Fernando Cuesta.
En 1945, mientras se luchaba todavía en muchos frentes[1], Roberto Rossellini separó el placer y el dolor apenas con una puerta en su, por tantos conceptos extraordinaria, Roma, ciudad abierta (Roma città aperta). El director italiano no lo sabía, por supuesto, pero estaba sentando (de forma absolutamente involuntaria, naturalmente) las bases de un subgénero llamado a ser explotado hasta la extenuación algunas décadas más tarde por diversos productores poco escrupulosos de varios países. Esta afirmación, que tal vez pueda sonar herética, no lo es tanto si aislamos algunos elementos que aparecen en la aclamada película de Rossellini y los extrapolamos a una serie de filmes concebidos y realizados con unas intenciones muy diferentes a las que animaran a uno de los venerables y venerados padres del neorrealismo.

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Entrevista al periodista cultural Gregorio Belinchón

Gregorio Belinchón Yagüe, licenciado en Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información en la Universidad Complutense y licenciado en Estudios Internacionales por la Sociedad de Estudios Internacionales y el CSIC, es redactor de cultura en el diario El País,…

XLI - I

Una razón para creer

Jorge Alonso.
Es difícil imaginar al tipo de sensibilidad explosiva que en 1979 ponía en órbita al público del Madison Square Garden de Nueva York los días 21 y 22 de septiembre en los No Nukes, dos conciertos contra la proliferación de armas nucleares que Jackson Brown organizó y que El Jefe y su E Street Band hicieron legendarios, inolvidables, imprescindibles. Es difícil, decíamos, imaginarlo escribiendo apenas tres años después de aquel despliegue una canción como “Nebraska”, un disco como Nebraska, un estado de ánimo como el del Nebraska.

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“Los Soprano” y “Roma”: Marco Antonio en la consulta del psiquiatra

Juan J. Alonso.
Con el debido respeto, estamos aquí para comparar al Marco Antonio (James Purefoy) de la serie “Roma” con el Tony Soprano (James Gandolfini) de la serie “Los Soprano”, así que viajaremos desde la Roma del siglo I a. C. hasta la Nueva Jersey de principios del siglo XXI. Con el debido respeto, que es como los subordinados de Tony se dirigen siempre a su capo. No me gustaría que esta noche unos tipos me rompieran las piernas en un callejón. En realidad, este artículo podría ocupar un par de líneas recomendando ver una escena del capítulo IV de la Segunda temporada de “Los Soprano”, en la que Tony está en Nápoles vendiendo a la mafia coches robados en Estados Unidos. En un sueño, Tony es un romano haciendo el amor con una romana. Puede que no sea Tony Soprano ni Marco Antonio, sino Marco Tony. También podríamos recordar que a Tony Soprano, además de ver constantemente El padrino II (Francis Ford Coppola, 1974) en la tele, le gusta el Canal Historia, así que perfectamente podemos imaginar a Tony disfrutando con la segunda temporada de “Roma”. Pero no. Habrá que decir algo más y justificar la publicación de este artículo porque, como dice Tony: Si no puedes justificar ingresos legítimos, eres vulnerable a los federales.

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¿Quién está dispuesto a comprar un debate sobre el tiempo?

Antonio Rico.
El 31 de diciembre de 1899, George Wells (Rod Taylor) invita a sus amigos para mostrarles su último invento, en el que lleva trabajando dos años. “Tiene que ver con el tiempo”, anuncia de forma misteriosa. El doctor Phillip Hillyer (Sebastian Cabot) está encantado: “Siempre he mantenido que lo que nuestra nación necesita es un reloj de precisión. La Marina lo necesita, el Ejército lo necesita y la artillería no digamos”. David Filby (Alan Young), que conoce bien a George, no cree que su amigo haya empleado su tiempo construyendo un nuevo tipo de reloj.

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Sócrates y la cola del pan

Antonio Rico.
El título del libro de Robin Waterfield es “La muerte de Sócrates” pero, en realidad, el helenista británico quiere hablarnos de la vida de Sócrates y, por tanto, de Atenas. De la sociedad ateniense, de la democracia radical ateniense, de los ciudadanos de Atenas, de los 501 dicastas (jurados) varones de más de 30 años elegidos al azar que juzgaron a Sócrates. También de la Guerra del Peloponeso y sus consecuencias, del gobierno de los Treinta Tiranos, de Critias y de Trasíbulo, de la restauración democrática.

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Los lugares de la vida de Leonard Cohen

Belén Suárez Prieto.
Si queremos ir a los lugares de la vida de Leonard Cohen, hay que comenzar por viajar a Canadá, a la provincia francófona de Quebec, en una suerte de círculos insertos de minorías dentro de minorías… Quebec es de lengua francesa, en un Estado donde el inglés es la lengua mayoritaria. En Montreal, la ciudad más grande de la provincia, Leonard Cohen nació en el barrio acomodado de Westmount, habitado por familias de lengua inglesa y protestantes en su mayoría, en un entorno, además de fundamentalmente francoparlante, católico; en Westmount vivía, además, una pequeña comunidad judía, a la que Leonard Cohen, cuyo apellido (que significa ‘sacerdote’ en hebreo) lo evidencia, pertenecía. Pero si queremos, entonces, ir a los territorios de la vida de Leonard Cohen, debemos viajar de América a Europa, a la Lituania rusa, de donde eran originarias las familias de su padre y de su madre. Su padre ya canadiense de nacimiento y de varias generaciones; su madre, nacida lituana. Emigrantes en América por causa de las persecuciones contra los judíos tan comunes en distintos momentos de la historia de Europa, persecuciones que culminaron con el Holocausto

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Todo funciona en Qué bello es vivir (It´s a Wonderful Life, 1946). Y eso que en la película de Frank Capra se mezcla una discusión en el cielo entre dos ángeles representados por estrellas centelleantes, un ángel de segunda clase que todavía no ha ganado sus alas al que le gusta el vino caliente, un capitalista en silla de ruedas que habría asustado hasta a Carlos Marx, una compañía de empréstitos con más corazón que cartera, una ciudad maravillosamente nevada (Bedford Falls) que puede ser también una ciudad terroríficamente nevada (Pottersville), una casa con goteras y corrientes de aire en la que todos querríamos vivir, un cuervo doméstico, un puente sobre aguas turbulentas, un taxista y un policía intercambiables, un baile que acaba en un baño multitudinario en una piscina, una flor con los pétalos rotos, una mujer que está a punto de pisar el lado salvaje de la vida, un diálogo maravilloso sobre la Luna, trineos no tan inquietantes como el “Rosebud” de Ciudadano Kane (Citizen Kane, Orson Welles, 1941), héroes de guerra que vuelven a casa por Navidad, sonrisas, muchas lágrimas y, sobre todo, Mary Hatch (Donna Reed) y George Bailey (James Stewart).

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Pablo Huerga Melcón.
En Benavides de Órbigo, mi pueblo, se conserva todavía el edificio del último de los muchos cines que en su tiempo hubo: el Gran Cine Imperial. Como una reliquia del pasado, se yergue en medio del pueblo; un templo olvidado que amenaza ruina, con algunos pintarrajos por las paredes y ventanas tapiadas. Todavía mantiene en lo alto el último de sus rótulos, muy sugerente, por cierto, con la silueta de un vaquero montado a caballo en el horizonte del gran valle. Iconografías de cine puro. Ahí se ha quedado, al lado de la carretera, como un pecio varado en la orilla, azotado por los vientos, mantenido por la estructura y la dignidad de lo que fue.

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Entrevista al actor Luis Fernández de Eribe

Más acá y más allá de la película El bueno, el feo y el malo.
Nos ha visitado en Oviedo Luis Fernández de Eribe (Bilbao, 1949). Actor español de cine, televisión y publicidad. Conocido por su extensa trayectoria como actor de reparto y en la industria audiovisual española, ha trabajado con Almodóvar, José Luis Garci y Álex de la Iglesia, entre otros muchos directores. Ingeniero químico de profesión, posee un máster en Dirección de Residencias Geriátricas, aunque ha desarrollado su carrera pública fundamentalmente en las artes escénicas. Su formación interpretativa incluye estudios con el director de escena Guillermo Heras, el teórico teatral Jorge Eines y formación en doblaje e interpretación audiovisual (1). XLI planteó una entrevista sobre su trayectoria profesional y su experiencia y recuerdos en el clásico El bueno, el feo y el malo, de Sergio Leone.

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La esvástica en la taquilla

Fernando Cuesta.
En 1945, mientras se luchaba todavía en muchos frentes[1], Roberto Rossellini separó el placer y el dolor apenas con una puerta en su, por tantos conceptos extraordinaria, Roma, ciudad abierta (Roma città aperta). El director italiano no lo sabía, por supuesto, pero estaba sentando (de forma absolutamente involuntaria, naturalmente) las bases de un subgénero llamado a ser explotado hasta la extenuación algunas décadas más tarde por diversos productores poco escrupulosos de varios países. Esta afirmación, que tal vez pueda sonar herética, no lo es tanto si aislamos algunos elementos que aparecen en la aclamada película de Rossellini y los extrapolamos a una serie de filmes concebidos y realizados con unas intenciones muy diferentes a las que animaran a uno de los venerables y venerados padres del neorrealismo.

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Entrevista al periodista cultural Gregorio Belinchón

Gregorio Belinchón Yagüe, licenciado en Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información en la Universidad Complutense y licenciado en Estudios Internacionales por la Sociedad de Estudios Internacionales y el CSIC, es redactor de cultura en el diario El País,…