…Y pobre del que quiera quitarnos la ilusión o el preciado tesoro de la bonhomía

José Ignacio Fernández del Castro.
En realidad, nuestras mejores utopías, las únicas a nuestro alcance (especialmente en esos tiempos, ya casi permanentes para tanta buena gente, de crisis), están siempre en lo inmediato… Y esto lo sabía muy bien Manolo Preciado.

En realidad, sabemos todos bien (sobre todo los filósofos materialistas) que las grandes palabras y los grandes ideales se tuercen y tergiversan… Sabemos que las viejas esperanzas se tornan nuevos olvidos, que los placeres pasados derivan tristezas presentes, que el mundo que observamos amenaza ruina, que la muerte solo aporta un silencio más denso, que lo que creíamos horizonte ofrecido no es más que siniestra y hermética frontera, que ese mar del que siempre esperábamos nuevos y sugerentes encuentros se torna cada día más en amenaza, que esas noches que en la juventud eran promesa abierta son ya apenas negación de nosotros mismos, nada… Que nuestras mayores fuentes de inspiración y gozo son, en fin, simple y efímera materia corruptible. La alegría de una efímera victoria o la adrenalina que espolea la voluntad de cambio tras la frecuente derrota (real o simbólica).

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Se está mejor en casa que en ningún sitio

Juan J. Alonso.
En la preciosa sala de más de 3.200 m2 del nuevo Museo de la Acrópolis donde se exponen las decoraciones originales del friso, las metopas y los frontones del Partenón (y copias en yeso de algunos elementos que actualmente se encuentran en otros museos) falta algo. Falta mucho. La sala está preparada para recibir, algún día o quizás algún siglo, los elementos que faltan, y cuando eso ocurra los turistas podremos admirar el conjunto en la misma disposición en que se hallaban en el templo original. ¿Optimismo arqueológico? Llamémoslo así. Como diría Gramsci, frente al pesimismo de la inteligencia que dice que el Museo Británico jamás devolverá los mármoles del Partenón expoliados por Lord Elgin, hay que oponer el optimismo de la voluntad que, con el recuerdo siempre inspirador de Melina Mercouri, perseverará hasta que los británicos entren en razón y devuelvan a Grecia lo que es de Grecia. Pero es que, además, hay motivos para el optimismo.

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