Lengua, cultura y poder

Babel contra la república

Parece ser que el castigo babélico de Yahveh persiste, no hay una lengua universal. En efecto, es así, pero no tanto porque la haya habido alguna vez, como cuenta el mito bíblico, y se haya perdido, sino porque nunca la hubo o incluso quizá porque no pudo ni puede haberla jamás, al menos si pretendemos, como muchos lo pretendieron, que tal lengua sea perfecta. Y si no hay lengua universal, podemos confirmar que todas las lenguas han de ser lenguas regionales, es decir, que ocupan una mayor o menor extensión y tienen una mayor o menor potencia expansiva. Pareciera entonces que el sintagma lenguas regionales es, cuando menos, redundante. ¿Para qué decir lenguas regionales si todas lo son? Cierto, todas lo son, pero no todas en el mismo sentido y con el mismo alcance. Sobre todo porque algunas de esas lenguas regionales se postulan y se defienden intencionalmente más que para lograr una mejor y más extensa comunicación, para conseguir cierta situación postbabélica: una confusio linguarum. En suma, paradójicamente, tratan de conseguir cierta incomunicación. La hipótesis que vamos a defender aquí es que ese es uno de los objetivos que muchos lingüistas nacionalistas pretenden: la creación de fronteras empezaría por la creación de las fronteras lingüísticas.

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XLI, revista cultural para galeotes. ISSN 3101-5077 /

Lengua, cultura y poder

Babel contra la república

Parece ser que el castigo babélico de Yahveh persiste, no hay una lengua universal. En efecto, es así, pero no tanto porque la haya habido alguna vez, como cuenta el mito bíblico, y se haya perdido, sino porque nunca la hubo o incluso quizá porque no pudo ni puede haberla jamás, al menos si pretendemos, como muchos lo pretendieron, que tal lengua sea perfecta. Y si no hay lengua universal, podemos confirmar que todas las lenguas han de ser lenguas regionales, es decir, que ocupan una mayor o menor extensión y tienen una mayor o menor potencia expansiva. Pareciera entonces que el sintagma lenguas regionales es, cuando menos, redundante. ¿Para qué decir lenguas regionales si todas lo son? Cierto, todas lo son, pero no todas en el mismo sentido y con el mismo alcance. Sobre todo porque algunas de esas lenguas regionales se postulan y se defienden intencionalmente más que para lograr una mejor y más extensa comunicación, para conseguir cierta situación postbabélica: una confusio linguarum. En suma, paradójicamente, tratan de conseguir cierta incomunicación. La hipótesis que vamos a defender aquí es que ese es uno de los objetivos que muchos lingüistas nacionalistas pretenden: la creación de fronteras empezaría por la creación de las fronteras lingüísticas.

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