Como dice el humorista Leo Harlem: “Llega ese día fatídico en que te miras en el espejo y dices: pero bueno, pero bueno, pero bueno, si tengo tripita”; y escuchas por detrás la voz de tu pareja (o de tu superyo, si eres freudiano) y te dice: “Mañana, mañana nos apuntamos a bailar”. Y, entre risas nerviosas y mala conciencia, vas y aceptas.
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