En Creta podrás perderte por sus innumerables pueblos, tanto costeros como montañosos, conectados por sinuosas carreteras y numerosos recuerdos de quienes se perdieron en ellas mediante pequeñas representaciones de iglesias. Esos caminos te llevaran a Galini, al sur de la isla, un pequeño pueblo que mira al mar y se reconoce en él. Allí, en lo alto de una colina, se construyó un anfiteatro en honor a Ícaro y Dédalo. Se dice que fue en esa cueva donde, para escapar del encierro al que les había condenado el rey Minos, Dédalo construyó unas alas con plumas y cera para que ambos pudiesen volar. Pero cuenta el mito que Ícaro, absorto en el poder de volar, lo hizo demasiado cerca del sol y al derretirse la cera, cayó al mar y murió. Pese al trágico desenlace, es bonito pensar que le compensó poder volar tan alto.
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