Empiezo a escribir este texto un siete de febrero de dos mil veintiséis, pero sé que acabará terminando el primero o segundo día de marzo. Esto es algo así como una especie de diario con temprana fecha de caducidad y con pocos días a reseñar.
Quedan veintiún días para ver a Morrisssey en Londres. Veintiún días de incertidumbre hasta que llegue el día en el que él se tenga que subir al escenario y nosotros podamos disfrutarlo. Seguro que a algunos les parece un poco banal o incluso idiota hacer todo esto. ¿Qué hay de especial? ¿Qué sentido tiene? Bueno, realmente, sentido poco. Como leerán aquí, intentar ir a un concierto de Morrissey es una de las cosas más irracionales que se pueden hacer en esta vida.
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