Tal vez, si Albert Camus le hubiera enseñado a su Sísifo el baile de un móvil mecido por la brisa no hubiera tenido la necesidad de imaginárselo feliz. Aunque tuviera que seguir subiendo una y otra vez la gran roca por la inclinada pendiente, al menos habría sentido un soplo de vitalidad y gracia ingrávida......
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