Pablo Huerga Melcón.
En Benavides de Órbigo, mi pueblo, se conserva todavía el edificio del último de los muchos cines que en su tiempo hubo: el Gran Cine Imperial. Como una reliquia del pasado, se yergue en medio del pueblo; un templo olvidado que amenaza ruina, con algunos pintarrajos por las paredes y ventanas tapiadas. Todavía mantiene en lo alto el último de sus rótulos, muy sugerente, por cierto, con la silueta de un vaquero montado a caballo en el horizonte del gran valle. Iconografías de cine puro. Ahí se ha quedado, al lado de la carretera, como un pecio varado en la orilla, azotado por los vientos, mantenido por la estructura y la dignidad de lo que fue.
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