…Y pobre del que quiera quitarnos la ilusión o el preciado tesoro de la bonhomía

Manolo Preciado y el Sporting de Gijón

José Ignacio Fernández del Castro.
En realidad, nuestras mejores utopías, las únicas a nuestro alcance (especialmente en esos tiempos, ya casi permanentes para tanta buena gente, de crisis), están siempre en lo inmediato… Y esto lo sabía muy bien Manolo Preciado.

En realidad, sabemos todos bien (sobre todo los filósofos materialistas) que las grandes palabras y los grandes ideales se tuercen y tergiversan… Sabemos que las viejas esperanzas se tornan nuevos olvidos, que los placeres pasados derivan tristezas presentes, que el mundo que observamos amenaza ruina, que la muerte solo aporta un silencio más denso, que lo que creíamos horizonte ofrecido no es más que siniestra y hermética frontera, que ese mar del que siempre esperábamos nuevos y sugerentes encuentros se torna cada día más en amenaza, que esas noches que en la juventud eran promesa abierta son ya apenas negación de nosotros mismos, nada… Que nuestras mayores fuentes de inspiración y gozo son, en fin, simple y efímera materia corruptible. La alegría de una efímera victoria o la adrenalina que espolea la voluntad de cambio tras la frecuente derrota (real o simbólica).

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…Y pobre del que quiera quitarnos la ilusión o el preciado tesoro de la bonhomía

Manolo Preciado y el Sporting de Gijón

José Ignacio Fernández del Castro.
En realidad, nuestras mejores utopías, las únicas a nuestro alcance (especialmente en esos tiempos, ya casi permanentes para tanta buena gente, de crisis), están siempre en lo inmediato… Y esto lo sabía muy bien Manolo Preciado.

En realidad, sabemos todos bien (sobre todo los filósofos materialistas) que las grandes palabras y los grandes ideales se tuercen y tergiversan… Sabemos que las viejas esperanzas se tornan nuevos olvidos, que los placeres pasados derivan tristezas presentes, que el mundo que observamos amenaza ruina, que la muerte solo aporta un silencio más denso, que lo que creíamos horizonte ofrecido no es más que siniestra y hermética frontera, que ese mar del que siempre esperábamos nuevos y sugerentes encuentros se torna cada día más en amenaza, que esas noches que en la juventud eran promesa abierta son ya apenas negación de nosotros mismos, nada… Que nuestras mayores fuentes de inspiración y gozo son, en fin, simple y efímera materia corruptible. La alegría de una efímera victoria o la adrenalina que espolea la voluntad de cambio tras la frecuente derrota (real o simbólica).

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