Entrevista al periodista cultural Gregorio Belinchón

Gregorio Belinchón Yagüe, licenciado en Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información en la Universidad Complutense y licenciado en Estudios Internacionales por la Sociedad de Estudios Internacionales y el CSIC, es redactor de cultura en el diario El País, donde empezó colaborando en la sección de cine del suplemento Babelia y en El Espectador. Posteriormente, estuvo diez años en Tentaciones, y desde 2006 trabaja en la sección de Cultura. Coautor de los libros/DVD de las colecciones Cine de Oro 1 y Cine de Oro 2 de El País. Además, ha colaborado con la revista Cinemanía, en la revista de la Academia de Cine y en diversos programas de radio y televisión centrados en el cine.

Escribir sobre cine o literatura en El País, entrevistar a artistas interesantísimos… Bonito trabajo. Es algo así como ser arqueólogo en la Acrópolis de Atenas, ojeador del Barça o catador de vinos de Ribera del Duero. ¿Hay una parte oscura en su trabajo? ¿Algún día se despierta lamentando que tiene que escribir sobre tal película o entrevistar a ese actor famosísimo?

La verdad es que escribir en El País no llega al diez por ciento de mi trabajo. Hay un veinte o treinta por ciento que es responder correos, atender llamadas, coordinar temas… y el resto es editar y estar en la sección. Los que trabajamos en la sección de Cultura tenemos cada uno una especialización, una especie de cartera, pero estamos al servicio de la sección. Muchas semanas es estar sentado en la sección de ocho a tres o tres a once y dedicarte a ver que los temas de todos los colaboradores van bien empaquetados, con sus links, con sus fotos… Esa es la mayor parte de nuestro trabajo. Un trabajo muy de oficinista. Nosotros lo llamamos de fontanería, muy de fontanero. Escribir es una parte muy pequeña de nuestro trabajo, así que nunca lamento tener que escribir porque como es tan poco… siempre me apetece.

Ha colaborado en estupendos libros cinéfilos publicados por Notorious como “El universo de Paul Newman”, “El universo de José Luis Ozores”, “El universo de Marlon Brando” y “El universo de José Luis López Vázquez”. Desde luego, Giordano Bruno tenía razón cuando postulaba un universo infinito, en contraposición a un cosmos finito, ordenado y con un centro único. En el universo cinéfilo caben tanto Paul Newman como José Luis Ozores, y se puede defender esto sin terminar abrasado en la hoguera, como le sucedió a Bruno. ¿Es usted tanto de cine-club como de gallinero de cine de barrio? ¿Se siente cómodo en todos los universos cinéfilos?

Yo soy super ecléctico y creo que eso, además, va a favor de mi trabajo en El País porque como redactor de cine no puedes estar aferrado a cualquier cosa, tienes que estar preparado para hablar y escribir de la Troma o de cualquier autor que pensamos que es muy cerrado o poco conocido como Béla Tarr o saber quién fue José Luis Ozores. Hay que ser ecléctico en el periodismo, desde luego. Lectores de El País no hay uno, hay lectores de todo tipo, clase, gustos, edades… No puedes imponer una manera de mirar el cine. Habrá lectores que busquen más un análisis del cine de Hollywood, otros querrán el último cine de autor, otros querrán saber de San Sebastián, o de Cannes, o de la taquilla… No podemos reducir el cine a un tipo de cine y olvidarnos del resto. El País es un periódico generalista, no especializado. Hay muchos temas que yo veo pasar, que a mí como cinéfilo me interesan muchísimo, pero que no tienen cabida en el periódico porque la sección de Cultura tiene el sitio que tiene y ahí tienen que entrar un montón de artes y disciplinas, y no todo puede ser cine.

¿Escribir en la sección de Cultura de un gran periódico es como ser Aquaman en el mundo de los superhéroes, o los periodistas que escriben sobre política internacional o economía le miran con un poquito de envidia?

Es cierto, es cierto que se nos mira un poco por encima del hombro… En Cultura somos los ninguneados, somos como cuando íbamos al colegio y teníamos esas asignaturas “marías”, y el ejemplo que puedo poner es que cualquiera que se asome a la portada de El País en la web descubrirá dónde están los temas de cultura. Creo que no somos ni Aquaman, somos un grado más e inferior.

Gregorio Belinchón mirando fijamente a Aquaman

¿Qué le parece cuando algunos lectores hacen comentarios ofensivos, maleducados o groseros en uno de sus artículos? ¿No le apetece replicar? ¿Puede hacerlo, o el periódico impide que los articulistas entren en polémica directa con los lectores?

Hay un cierto consejo acerca de no entrar en debate con los comentarios porque todo lo que puede ir mal, irá mal. Creo que solo una vez he entrado a debatir con un lector en los comentarios. Yo los miro siempre porque me preocupan las erratas, pero hace muy poco, en el Festival de San Sebastián, alguien me dijo que cómo me atrevía a hacer un comentario crítico de la sección oficial del Festival, que si las había visto todas, que le parecía increíble… Yo soy un tipo que se toma muy en serio su trabajo, soy un estajanovista, sé que mi valía está en que soy un picapiedra estupendo, así que vi la sección oficial entera a concurso, además de otras muchas películas, así que le respondí llevándole la contraria y diciendo que sí que las había visto.

Usted escribió los textos que acompañaban a “Cine de Oro”, una inolvidable edición en DVD de grandes películas que publicó El País. ¿Cuál es su película favorita? ¿Hay alguna película sobre la que escribió por “imperativo empresarial”, pero a usted no le gusta demasiado?

En realidad, fueron dos colecciones. Escribí de la primera la mitad, que eran dieciocho, y de la otra las escribí todas. Mis películas favoritas no estaban en esa colección, pero sí había muchas estupendas. Ninguna fue por “imperativo empresarial”. La elección se hizo sobre unos listados, acotamos un poco y ninguna fue obligada. Pero la verdad es que algunas de mis películas favoritas no están ahí. Mis películas favoritas van desde Ciudadano Kane hasta El verdugo, de Paris, Texas a El Padrino, de In the Mood for Love a cualquiera de Kurosawa. Soy bastante ecléctico, y cada día que me preguntes cuál es mi película favorita, cada día cambiaré.

Todos tenemos nuestros héroes culturales vivos (entre los nuestros están Mary Beard, Woody Allen o Bruce Springsteen), muertos (Sócrates, Billy Wilder o Raymond Chandler) y de ficción (Homer Simpson, Lorelai Gilmore, el Capitán Trueno, Colombo). ¿Cuáles son sus héroes favoritos vivos o muertos?

No tengo héroes, la verdad. Me cae bien mucha gente, he entrevistado a mucha gente de la me siento incluso cercana emocionalmente, y me refiero a cineastas, autores, creadores españoles y extranjeros… Hay gente con la que sientes afinidad, pero no tengo un héroe como tal. Dos veces me he sentado con Francis Ford Coppola, que es el director que más me ha influido; varias veces me he sentado con Agnès Varda… así que por ese lado tengo el ego más que cubierto.

Alan Resnais, Agnès Varda y Jacques Demy en una preciosa fotografía en la que, por desgracia, no aparece Gregorio Belinchón

Usted escribe muchas necrológicas (Robert Redford o Diane Keaton, por ejemplo) de actores, directores… Y eso es un gran poder que conlleva una gran responsabilidad porque es probable que muchos lectores nos informemos y nos hagamos una idea general acerca de ese personaje leyendo sus artículos. ¿Cómo lo lleva? ¿Le gusta hacerlo? ¿Le cuesta?

Hay una cosa que los lectores deben entender, y es que ya no se escriben necrológicas de una manera tranquila, sino que el problema es la web, hay que ser inmediato y rapidísimo: se muere alguien, hay que ponerse a escribir a toda pastilla y no tienes orden, tienes que ir publicando párrafo tras párrafo, para que el lector esté informado. No hay reposo para pensar. Así que más vale que tengas mucha información en tu cabeza y luego seas capaz de buscar rápidamente más información añadida. Creo que las necrológicas deben basarse en tres ideas: explicar a la gente la importancia del fallecido, en la medida de lo posible utilizar palabras del mismo fallecido buscando entrevistas para que expliquen sus decisiones vitales, y contar también las cosas negativas. Hace poco falleció Robert Redford y escribí algunas cosas negativas, porque gente que había trabajado con él había dicho públicamente cosas negativas, y creo que es importante contarlo.

XLI es el número de galeote de Judá Ben-Hur en la película “Ben-Hur”. En el barco romano, el cónsul Quinto Arrio dice a los galeotes: “Remad… y vivid”. ¿Hay que remar mucho en el mundo de la cultura para poder vivir? ¿Cree que tienen futuro el cine en salas y los libros en papel? ¿Se podrán mantener las salas de cine y los libros a fuerza remar, aunque no soplen vientos propicios?

Hay que remar mucho, sí. Yo soy un tipo privilegiado, en el sentido de que tengo un sueldo fijo, pero hay una diferencia abismal… Cuando empecé a trabajar en cultura, veías que la gente del cine y en general del arte eran de clase media alta, y ahora mismo son de clase media baja, algunos tienen que compartir casa para vivir… Es muy complicado. Y, desde luego, las salas de cine tienen un futuro muy poco halagüeño. Siento ser pesimista. Creo que las salas irán cerrando hasta que queden muy pocas.

Hablando de papel. ¿Qué será de los bares cuando los clientes no podamos tomar el café hojeando un periódico porque ha dejado de publicarse en papel? ¿Tiene información secreta acerca de hasta cuándo El País seguirá publicándose en papel?

No sé cuanto le quedará al papel… Hace años nos dijeron que cinco años, y esos años ya han pasado. Desde luego, la sección de Cultura de El País se hace pensando en la web, y luego hay un equipo que adapta la web al papel, y son criterios distintos. Se puede comprobar al ver que la sección de papel de Cultura de El País abre con unas historias, y la web con otras. No sé cuánto le queda a El País en papel, pero sospecho que poco.

Entrevista: XLI

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Entrevista al periodista cultural Gregorio Belinchón

Gregorio Belinchón Yagüe, licenciado en Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información en la Universidad Complutense y licenciado en Estudios Internacionales por la Sociedad de Estudios Internacionales y el CSIC, es redactor de cultura en el diario El País, donde empezó colaborando en la sección de cine del suplemento Babelia y en El Espectador. Posteriormente, estuvo diez años en Tentaciones, y desde 2006 trabaja en la sección de Cultura. Coautor de los libros/DVD de las colecciones Cine de Oro 1 y Cine de Oro 2 de El País. Además, ha colaborado con la revista Cinemanía, en la revista de la Academia de Cine y en diversos programas de radio y televisión centrados en el cine.

Escribir sobre cine o literatura en El País, entrevistar a artistas interesantísimos… Bonito trabajo. Es algo así como ser arqueólogo en la Acrópolis de Atenas, ojeador del Barça o catador de vinos de Ribera del Duero. ¿Hay una parte oscura en su trabajo? ¿Algún día se despierta lamentando que tiene que escribir sobre tal película o entrevistar a ese actor famosísimo?

La verdad es que escribir en El País no llega al diez por ciento de mi trabajo. Hay un veinte o treinta por ciento que es responder correos, atender llamadas, coordinar temas… y el resto es editar y estar en la sección. Los que trabajamos en la sección de Cultura tenemos cada uno una especialización, una especie de cartera, pero estamos al servicio de la sección. Muchas semanas es estar sentado en la sección de ocho a tres o tres a once y dedicarte a ver que los temas de todos los colaboradores van bien empaquetados, con sus links, con sus fotos… Esa es la mayor parte de nuestro trabajo. Un trabajo muy de oficinista. Nosotros lo llamamos de fontanería, muy de fontanero. Escribir es una parte muy pequeña de nuestro trabajo, así que nunca lamento tener que escribir porque como es tan poco… siempre me apetece.

Ha colaborado en estupendos libros cinéfilos publicados por Notorious como “El universo de Paul Newman”, “El universo de José Luis Ozores”, “El universo de Marlon Brando” y “El universo de José Luis López Vázquez”. Desde luego, Giordano Bruno tenía razón cuando postulaba un universo infinito, en contraposición a un cosmos finito, ordenado y con un centro único. En el universo cinéfilo caben tanto Paul Newman como José Luis Ozores, y se puede defender esto sin terminar abrasado en la hoguera, como le sucedió a Bruno. ¿Es usted tanto de cine-club como de gallinero de cine de barrio? ¿Se siente cómodo en todos los universos cinéfilos?

Yo soy super ecléctico y creo que eso, además, va a favor de mi trabajo en El País porque como redactor de cine no puedes estar aferrado a cualquier cosa, tienes que estar preparado para hablar y escribir de la Troma o de cualquier autor que pensamos que es muy cerrado o poco conocido como Béla Tarr o saber quién fue José Luis Ozores. Hay que ser ecléctico en el periodismo, desde luego. Lectores de El País no hay uno, hay lectores de todo tipo, clase, gustos, edades… No puedes imponer una manera de mirar el cine. Habrá lectores que busquen más un análisis del cine de Hollywood, otros querrán el último cine de autor, otros querrán saber de San Sebastián, o de Cannes, o de la taquilla… No podemos reducir el cine a un tipo de cine y olvidarnos del resto. El País es un periódico generalista, no especializado. Hay muchos temas que yo veo pasar, que a mí como cinéfilo me interesan muchísimo, pero que no tienen cabida en el periódico porque la sección de Cultura tiene el sitio que tiene y ahí tienen que entrar un montón de artes y disciplinas, y no todo puede ser cine.

¿Escribir en la sección de Cultura de un gran periódico es como ser Aquaman en el mundo de los superhéroes, o los periodistas que escriben sobre política internacional o economía le miran con un poquito de envidia?

Es cierto, es cierto que se nos mira un poco por encima del hombro… En Cultura somos los ninguneados, somos como cuando íbamos al colegio y teníamos esas asignaturas “marías”, y el ejemplo que puedo poner es que cualquiera que se asome a la portada de El País en la web descubrirá dónde están los temas de cultura. Creo que no somos ni Aquaman, somos un grado más e inferior.

Gregorio Belinchón mirando fijamente a Aquaman

¿Qué le parece cuando algunos lectores hacen comentarios ofensivos, maleducados o groseros en uno de sus artículos? ¿No le apetece replicar? ¿Puede hacerlo, o el periódico impide que los articulistas entren en polémica directa con los lectores?

Hay un cierto consejo acerca de no entrar en debate con los comentarios porque todo lo que puede ir mal, irá mal. Creo que solo una vez he entrado a debatir con un lector en los comentarios. Yo los miro siempre porque me preocupan las erratas, pero hace muy poco, en el Festival de San Sebastián, alguien me dijo que cómo me atrevía a hacer un comentario crítico de la sección oficial del Festival, que si las había visto todas, que le parecía increíble… Yo soy un tipo que se toma muy en serio su trabajo, soy un estajanovista, sé que mi valía está en que soy un picapiedra estupendo, así que vi la sección oficial entera a concurso, además de otras muchas películas, así que le respondí llevándole la contraria y diciendo que sí que las había visto.

Usted escribió los textos que acompañaban a “Cine de Oro”, una inolvidable edición en DVD de grandes películas que publicó El País. ¿Cuál es su película favorita? ¿Hay alguna película sobre la que escribió por “imperativo empresarial”, pero a usted no le gusta demasiado?

En realidad, fueron dos colecciones. Escribí de la primera la mitad, que eran dieciocho, y de la otra las escribí todas. Mis películas favoritas no estaban en esa colección, pero sí había muchas estupendas. Ninguna fue por “imperativo empresarial”. La elección se hizo sobre unos listados, acotamos un poco y ninguna fue obligada. Pero la verdad es que algunas de mis películas favoritas no están ahí. Mis películas favoritas van desde Ciudadano Kane hasta El verdugo, de Paris, Texas a El Padrino, de In the Mood for Love a cualquiera de Kurosawa. Soy bastante ecléctico, y cada día que me preguntes cuál es mi película favorita, cada día cambiaré.

Todos tenemos nuestros héroes culturales vivos (entre los nuestros están Mary Beard, Woody Allen o Bruce Springsteen), muertos (Sócrates, Billy Wilder o Raymond Chandler) y de ficción (Homer Simpson, Lorelai Gilmore, el Capitán Trueno, Colombo). ¿Cuáles son sus héroes favoritos vivos o muertos?

No tengo héroes, la verdad. Me cae bien mucha gente, he entrevistado a mucha gente de la me siento incluso cercana emocionalmente, y me refiero a cineastas, autores, creadores españoles y extranjeros… Hay gente con la que sientes afinidad, pero no tengo un héroe como tal. Dos veces me he sentado con Francis Ford Coppola, que es el director que más me ha influido; varias veces me he sentado con Agnès Varda… así que por ese lado tengo el ego más que cubierto.

Alan Resnais, Agnès Varda y Jacques Demy en una preciosa fotografía en la que, por desgracia, no aparece Gregorio Belinchón

Usted escribe muchas necrológicas (Robert Redford o Diane Keaton, por ejemplo) de actores, directores… Y eso es un gran poder que conlleva una gran responsabilidad porque es probable que muchos lectores nos informemos y nos hagamos una idea general acerca de ese personaje leyendo sus artículos. ¿Cómo lo lleva? ¿Le gusta hacerlo? ¿Le cuesta?

Hay una cosa que los lectores deben entender, y es que ya no se escriben necrológicas de una manera tranquila, sino que el problema es la web, hay que ser inmediato y rapidísimo: se muere alguien, hay que ponerse a escribir a toda pastilla y no tienes orden, tienes que ir publicando párrafo tras párrafo, para que el lector esté informado. No hay reposo para pensar. Así que más vale que tengas mucha información en tu cabeza y luego seas capaz de buscar rápidamente más información añadida. Creo que las necrológicas deben basarse en tres ideas: explicar a la gente la importancia del fallecido, en la medida de lo posible utilizar palabras del mismo fallecido buscando entrevistas para que expliquen sus decisiones vitales, y contar también las cosas negativas. Hace poco falleció Robert Redford y escribí algunas cosas negativas, porque gente que había trabajado con él había dicho públicamente cosas negativas, y creo que es importante contarlo.

XLI es el número de galeote de Judá Ben-Hur en la película “Ben-Hur”. En el barco romano, el cónsul Quinto Arrio dice a los galeotes: “Remad… y vivid”. ¿Hay que remar mucho en el mundo de la cultura para poder vivir? ¿Cree que tienen futuro el cine en salas y los libros en papel? ¿Se podrán mantener las salas de cine y los libros a fuerza remar, aunque no soplen vientos propicios?

Hay que remar mucho, sí. Yo soy un tipo privilegiado, en el sentido de que tengo un sueldo fijo, pero hay una diferencia abismal… Cuando empecé a trabajar en cultura, veías que la gente del cine y en general del arte eran de clase media alta, y ahora mismo son de clase media baja, algunos tienen que compartir casa para vivir… Es muy complicado. Y, desde luego, las salas de cine tienen un futuro muy poco halagüeño. Siento ser pesimista. Creo que las salas irán cerrando hasta que queden muy pocas.

Hablando de papel. ¿Qué será de los bares cuando los clientes no podamos tomar el café hojeando un periódico porque ha dejado de publicarse en papel? ¿Tiene información secreta acerca de hasta cuándo El País seguirá publicándose en papel?

No sé cuanto le quedará al papel… Hace años nos dijeron que cinco años, y esos años ya han pasado. Desde luego, la sección de Cultura de El País se hace pensando en la web, y luego hay un equipo que adapta la web al papel, y son criterios distintos. Se puede comprobar al ver que la sección de papel de Cultura de El País abre con unas historias, y la web con otras. No sé cuánto le queda a El País en papel, pero sospecho que poco.

Entrevista: XLI

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