Con gafas y sin Luna

La trasformación de Mary Hatch en Qué bello es vivir

Juan J. Alonso.
Todo funciona en Qué bello es vivir (It´s a Wonderful Life, 1946). Y eso que en la película de Frank Capra se mezcla una discusión en el cielo entre dos ángeles representados por estrellas centelleantes, un ángel de segunda clase que todavía no ha ganado sus alas al que le gusta el vino caliente, un capitalista en silla de ruedas que habría asustado hasta a Carlos Marx, una compañía de empréstitos con más corazón que cartera, una ciudad maravillosamente nevada (Bedford Falls) que puede ser también una ciudad terroríficamente nevada (Pottersville), una casa con goteras y corrientes de aire en la que todos querríamos vivir, un cuervo doméstico, un puente sobre aguas turbulentas, un taxista y un policía intercambiables, un baile que acaba en un baño multitudinario en una piscina, una flor con los pétalos rotos, una mujer que está a punto de pisar el lado salvaje de la vida, un diálogo maravilloso sobre la Luna, trineos no tan inquietantes como el “Rosebud” de Ciudadano Kane (Citizen Kane, Orson Welles, 1941), héroes de guerra que vuelven a casa por Navidad, sonrisas, muchas lágrimas y, sobre todo, Mary Hatch (Donna Reed) y George Bailey (James Stewart).

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Todo funciona en Qué bello es vivir (It´s a Wonderful Life, 1946). Y eso que en la película de Frank Capra se mezcla una discusión en el cielo entre dos ángeles representados por estrellas centelleantes, un ángel de segunda clase que todavía no ha ganado sus alas al que le gusta el vino caliente, un capitalista en silla de ruedas que habría asustado hasta a Carlos Marx, una compañía de empréstitos con más corazón que cartera, una ciudad maravillosamente nevada (Bedford Falls) que puede ser también una ciudad terroríficamente nevada (Pottersville), una casa con goteras y corrientes de aire en la que todos querríamos vivir, un cuervo doméstico, un puente sobre aguas turbulentas, un taxista y un policía intercambiables, un baile que acaba en un baño multitudinario en una piscina, una flor con los pétalos rotos, una mujer que está a punto de pisar el lado salvaje de la vida, un diálogo maravilloso sobre la Luna, trineos no tan inquietantes como el “Rosebud” de Ciudadano Kane (Citizen Kane, Orson Welles, 1941), héroes de guerra que vuelven a casa por Navidad, sonrisas, muchas lágrimas y, sobre todo, Mary Hatch (Donna Reed) y George Bailey (James Stewart).

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